La Canadá francófona
Quebec, históricamente símbolo de división, emerge ahora como pieza de unidad ante la guerra comercial. ¿Y el T-MEC? El escenario es cada vez más complejo.
T-MEC
/Foto: @DiegoTMEC
La historia está plagada de paradojas. Quebec, que muchas veces había sido un motivo de división interna en la historia de Canadá, hoy se levanta, con toda su cultura francesa y el esfuerzo de integración que ha implicado conservarla, como el gran estandarte de la unidad nacional del país de la hoja de maple ante los embates geopolíticos del trumpismo. La elite gobernante de los Estados Unidos no quiere libre comercio, quiere intercambio comercial gravado con aranceles porque piensa usar su capacidad de consumo como arma de política exterior. Por eso ha desconocido sus compromisos comerciales con sus socios estratégicos, a quienes ahora dispensa un trato más hostil que a otros países. Canadá lo entendió y ha tomado una decisión valiente: asumir los costos de una guerra comercial con su vecino, que le permitirá a México tener información de la estrategia trumpista para saber a qué atenerse y cómo moverse. Lo dicho: el TMEC ya es letra muerta y en breve será historia.