Nacionalismo Cristiano y la conquista de la identidad estadounidense

25 de Agosto de 2026

Nacionalismo Cristiano y la conquista de la identidad estadounidense

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Edgar Rodríguez González

Secularizar la política doméstica de los Estados Unidos parece una batalla perdida. La religión, sobre todo el cristianismo, ha sido un componente histórico en la creación de esa nación, nada nuevo.

Sin embargo, hay una vertiente de tinte evangélico y fundamentalista de la derecha conservadora, cuya influencia política no es un asunto trivial, y que sostiene que los Padres Fundadores de ese país establecieron una democracia ligada al pacto judeocristiano, en la que la estricta separación entre Iglesia y Estado es una “mala interpretación” del mandato constitucional. Me refiero al Nacionalismo Cristiano.

Esta ideología o proyecto político representa un mosaico de identidades cívicas y religiosas que sugiere que, para ser un auténtico ciudadano, hay que ser cristiano y de convicción conservadora. No busca simplemente promover valores éticos en la esfera pública, sino redefinir los conceptos de ciudadanía y soberanía política.

Como apunta Amanda Tayler, integrante del Comité Conjunto Bautista para la Libertad Religiosa:

“Lo ‘cristiano’ en el ‘nacionalismo cristiano’ tiene menos que ver con la teología y más con una identidad etno-nacional. En Estados Unidos, eso es la blancura”

En otras palabras, el Nacionalismo Cristiano es un proyecto político secular que utiliza el lenguaje y los símbolos religiosos como vehículo para acumular poder estatal y moldear y normar la cultura.

Presencia y peso

En la actualidad, la presencia del Nacionalismo Cristiano ha evolucionado de las tribunas de los sermones dominicales a las salas del Congreso federal, de los congresos estatales y de las cortes federales. Además, congresistas y miembros del gabinete se identifican con la agenda de este proyecto político.

Pero el crecimiento de su fuerza no solo se ha dado ocupando espacios políticos. También ha capturado espacios en el terreno de la educación y las ideas. Desde exigir la exhibición del lema “In God We Trust” o de los Diez Mandamientos en las aulas públicas, hasta permitir que capellanes religiosos reemplacen o complementen la labor de consejeros escolares profesionales, y aprobar leyes restrictivas sobre el tratamiento de temas de género, sexualidad y la historia racial del país en las escuelas públicas, bajo la premisa de restaurar la “educación moral patriótica”.

Principales objetivos.

Para las elecciones intermedias la mira del Nacionalismo Cristiano no solo está en los candidatos a congresistas, sino también en elecciones locales críticas como:

  • Juntas Estatales de Educación: candidaturas coordinadas para tomar el control de los distritos escolares y modificar políticas curriculares.
  • Secretarías de Estado y Administradores Electorales: La meta es ocupar puestos encargados de supervisar el conteo de votos y la certificación de elecciones, impulsados por la creencia de que restaurar el país implica asegurar “la integridad del proceso” desde su propia visión política, por supuesto.

Riesgos estructurales.

El ascenso del Nacionalismo Cristiano desafía la viabilidad del modelo de democracia liberal representativa establecido en la Constitución de Estados Unidos. Por lo menos se identifican cuatro riesgos fundamentales:

  1. Debilitamiento de las garantías constitucionales. La captura del sistema judicial por parte de jueces ideológicamente afines pone en riesgo la protección de derechos individuales consolidados, transformando a los tribunales en garantes de una agenda confesional.
  2. Reinterpretación de lo que implica ser ciudadano. Se promueve una visión jerárquica de la sociedad, en la que la legitimidad para gobernar se liga a la identidad religiosa.
  3. Sustitución del consenso deliberativo. Los asuntos políticos se enmarcan en términos de una “guerra espiritual” que alimenta la polarización tribal y cancela el debate de ideas. Discernir equivale a una traición moral.
  4. Terreno fértil para el autoritarismo. Salvar a la nación de la maldad moral imputable solo al opositor abre la puerta a justificar medidas autoritarias en nombre de la nación.

Dos caras, una moneda.

El Nacionalismo Cristiano representa un intento estructural de redefinir el andamiaje constitucional y la naturaleza de la experiencia estadounidense.

Para sus simpatizantes, es el único remedio contra la degradación moral y el declive cultural de ese país. Para sus detractores constituye la amenaza más latente al pluralismo, la libertad religiosa y la estabilidad democrática de los Estados Unidos.