›México obtuvo 5 medallas, y es sexto lugar en AL. Sin embargo, el medallero de competitividad cuenta una historia más optimista, aunque menos cacareada.
Los Juegos Olímpicos de Río generaron en México un debate en torno a la necesidad de que los atletas se preparen con una visión de largo plazo, en crear instituciones pensando en resultados a cinco, diez años. La misma lógica debe emplearse para analizar la preparación económica del país.
Nuestras fortalezas actuales son producto de decisiones que se tomaron hace tres décadas (como liberalizar la economía, firmar el TLCAN o dar autonomía a Banxico). De la misma forma, las decisiones responsables de hoy no siempre darán frutos en el corto plazo, como ofrece el populismo cortoplacista, pero auguran un mejor futuro.
Durante las olimpiadas, mientras la mayoría de los espectadores contaban medallas, los empresarios, inversionistas y turistas hacían sus propios cálculos, para premiar a los países más atractivos no con preseas, sino con su confianza y dinero.
Brasil fue el país latinoamericano con más medallas, 19, que quizá algunos envidien. Pero, ¿cómo le fue en el medallero de la competitividad regional?
Cuando ganó la sede de los juegos olímpicos, en 2009, sus programas sociales habían sacado de la pobreza a millones de personas, su PIB creció 7.5% en 2010, y la popularidad de su presidente, Lula da Silva, que rondaba el 80%, hacían que fuera considerada la gran promesa latinoamericana.
Sin embargo, para cuando se encendió la llama olímpica, el escenario era diferente: la economía brasileña está hoy en tasas de crecimiento negativas, estimadas en -3.8%; es el país más endeudado de América Latina (casi 74% de su PIB), con una inflación de 9% y desempleo de 6.8%. La presidenta Dilma Rousseff pasó la fiesta olímpica separada del cargo mientras enfrenta un proceso de destitución, en medio un escándalo de corrupción que implica al propio Lula.
México tuvo una cosecha más modesta, de 5 medallas, y sexto lugar entre los países latinoamericanos. Sin embargo, el medallero de competitividad cuenta una historia más optimista, aunque menos cacareada.
Por ejemplo, en cuanto a nuestra disponibilidad y calidad de mano de obra, estamos 17 posiciones arriba de Brasil de acuerdo al Índice 2015 del IDG. Y si bien ese país invirtió grandes cantidades de dinero en nuevos estadios, México lo supera en los índices de infraestructura para la competitividad. También somos el principal destino turístico en la región, industria que en 2015 dejó una derrama de 17 mil millones de dólares.
México es la primera economía comercial en América Latina, con una participación del 36%, el principal exportador regional de manufacturas, alcanzando hasta 60% del total, y también el líder en manufacturas de mediana y alta tecnología, y en la industria automotriz. Además, tenemos una economía cada vez más diversificada: nuestras exportaciones de petróleo y minería representan sólo el 8.7%, en contraste con, por ejemplo el 95% para Venezuela.
Todo esto sucede en un contexto donde los otros grandes países de la región se encuentran estancados o en franco retroceso. Un ejemplo tristemente elocuente es precisamente Venezuela, que bajo el régimen populista de Chávez-Maduro ha pasado de una crisis económica a una tragedia humanitaria: el FMI ha estimado para este año una inflación de hasta 482%, desempleo de 17%, y crecimiento negativo de -8%. Para las personas esto se traduce en racionamiento de electricidad, escasez de comida, la militarización de la vida pública para mantener el precario orden, y miles que han abandonado el país para conseguir productos básicos.
Igual que con nuestros atletas, la decisión que debemos tomar como país es simple: ¿vamos a apostar por los espejismos populistas de soluciones inmediatas y frágiles, o vamos a invertir en las instituciones y reformas que nos garanticen desarrollo con bases sólidas? La experiencia latinoamericana está ahí, para quien quiera verla.
@khatulari