El papa visita España y manda un claro y valiente mensaje al mundo, en particular a los líderes políticos y a los poderes económicos. En los 20 discursos que pronunciará durante la gira, el papa abogará por los migrantes y la paz. Desde el primero, condenó la polarización, la demagogia y el mal uso de la inteligencia artificial.
Ante el Rey y las principales figuras políticas españolas, en uno de los primeros discursos de la visita, pronunció una frase que se enmarca en las preocupaciones expresadas en su reciente encíclica: “Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando las llamas de la polarización parece haber crecido en lugar de disminuir y la dignidad humana sigue siendo violada”.
No obstante, el debate político que se vive en ese país, es claro que el mensaje de Prevost no solo iba dirigido a las mujeres y hombres que tenía enfrente, y en ello radica su importancia del mismo.
El sucesor de Pedro, en el Palacio Real, hizo un llamado a mirar el futuro sin miedo, pero también sin ingenuidad. Frente a un mundo marcado por la incertidumbre, la polarización y los vertiginosos avances tecnológicos, León XIV recordó que ninguna innovación tendrá sentido si se olvida a la persona humana.
Advirtió que las nuevas tecnologías pueden convertirse en espacios donde se debilita el pensamiento crítico, se multiplican los prejuicios y se alientan divisiones que terminan dañando la convivencia.
En una crítica a la creciente polarización que afecta a numerosas sociedades, alertó sobre el riesgo de reducir la vida pública a la confrontación permanente, donde las personas dejan de verse como miembros de una misma comunidad para convertirse en enemigos irreconciliables. Cuando la descalificación sustituye al diálogo y el fanatismo desplaza a la razón, la democracia y la paz se debilitan.
Sin embargo, lejos de caer en el pesimismo, afirmó que el bien sigue siendo posible y que la humanidad conserva la capacidad de dialogar y encontrar caminos de esperanza. Por ello, pidió a quienes tienen responsabilidades públicas y económicas apoyar la educación, la investigación y la cultura de las comunidades. En ellas se encuentran las semillas de una sociedad más justa, libre y solidaria.
El obispo de Roma recordó que la verdadera seguridad no nace de los muros ni de las armas, sino de la confianza entre las personas, del trabajo compartido y de la voluntad de caminar juntos. Esta postura es relevante en una época en la que el miedo suele utilizarse para justificar el aislamiento, la exclusión, el encono y la división.
El papa trajo a cuenta una de las páginas más luminosas de la historia española: el encuentro entre culturas, religiones y saberes en ciudades como Toledo y Córdoba. Allí, cristianos, judíos y musulmanes demostraron que las diferencias no son necesariamente una amenaza, sino una oportunidad para enriquecer a la humanidad. De ese diálogo nacieron conocimientos, traducciones y obras que forjaron un nuevo mundo.
También recordó a Ignacio de Loyola, quien mostró que las crisis pueden convertirse en oportunidades de renovación. Su mensaje concluyó con una invitación poderosa: rechazar las palabras que humillan y enfrentan, escuchar a los más pobres, cuidar la creación y colocar siempre la dignidad humana en el centro de toda decisión. Es, en esencia, una defensa apasionada de la concordia frente al miedo y del encuentro frente a la polarización.
Prevost llega al Vaticano después de recorrer el mundo y está decidido a honrar la memoria y la obra de Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci, autor de la vigente Rerum Novarum, y no le importa incomodar a los poderosos.