Día de Muertos 2026: el origen de La Catrina, no era un símbolo festivo sino una burla a “los ricos”

29 de Octubre de 2026

Día de Muertos 2026: el origen de La Catrina, no era un símbolo festivo sino una burla a “los ricos”

La Catrina nació como una crítica a las apariencias y terminó convertida en una de las figuras más representativas de México durante el Día de Muertos.

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La Catrina es una de las figuras más representativas del Día de Muertos en México.

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Foto: Gobierno de México

La Catrina es una de las figuras más representativas del Día de Muertos en México.
Foto: Gobierno de México

Entre las flores de cempasúchil, las veladoras encendidas y el aroma del copal, hay una figura que no necesita presentación cuando llega el Día de Muertos: una calavera con porte elegante, sombrero adornado y una presencia que mezcla la tradición mexicana con una buena dosis de ironía.

La Catrina se ha convertido en protagonista de altares, desfiles, maquillajes y celebraciones que muestran al mundo una manera muy particular de convivir con la muerte.

Pero detrás de su apariencia refinada hay una historia que habla de las desigualdades, las aspiraciones sociales y la identidad de un país que aprendió a reírse hasta de sus propias contradicciones.

Mucho antes de que su imagen se llenara de colores y adornos, esta calavera tenía un propósito muy distinto al festivo que hoy conocemos. Su recorrido por el arte mexicano transformó su significado y la convirtió en una figura inseparable de las tradiciones de noviembre.

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La Calavera Garbancera fue el antecedente de La Catrina que hoy se reconoce en las celebraciones mexicanas. Foto: Gobierno de México

¿Cómo nació La Catrina? De la crítica política a un símbolo de Día de Muertos

Para conocer el origen de esta calavera hay que regresar a los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, cuando las publicaciones impresas mexicanas recurrían a caricaturas para cuestionar a los políticos, exhibir las diferencias sociales y burlarse de las costumbres de las clases acomodadas. Las imágenes de esqueletos eran una herramienta efectiva para retratar los defectos humanos y recordar que, sin importar el dinero o la posición social, nadie escapa de la muerte.

En ese ambiente surgió la Calavera Garbancera, una representación que cuestionaba a quienes renegaban de sus raíces indígenas para adoptar costumbres europeas y aparentar una posición social superior. El término garbancera aludía a personas vinculadas con la venta de garbanzo que buscaban distanciarse de su origen popular.

La crítica también alcanzaba a quienes privilegiaban las apariencias por encima de su propia identidad. La calavera llevaba un sombrero elegante, pero carecía de ropa que disimulara sus huesos. El contraste era parte del mensaje: detrás de los accesorios y las pretensiones, la muerte dejaba al descubierto lo que la sociedad intentaba ocultar.

Así, la figura nació como una sátira social y no como una representación concebida originalmente para adornar las ofrendas. Su relación con el Día de Muertos se consolidó con el paso del tiempo, conforme el arte popular y las tradiciones mexicanas incorporaron su imagen a las distintas maneras de representar la muerte.

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José Guadalupe Posada creó la Calavera Garbancera como una crítica a las apariencias y las diferencias sociales. Foto: Gobierno de México

¿Quién fue José Guadalupe Posada, el padre de La Catrina?

Nacido el 2 de febrero de 1852 en Aguascalientes, José Guadalupe Posada fue un grabador, ilustrador y caricaturista cuya obra retrató las contradicciones del México de su época. Su talento encontró un espacio en periódicos, hojas populares y talleres de impresión, donde las imágenes servían para contar sucesos, acompañar relatos y lanzar críticas que podían entenderse de un solo vistazo.

Posada convirtió a las calaveras en protagonistas de su lenguaje artístico. Sus esqueletos aparecían en escenas cotidianas, situaciones políticas y estampas que exhibían los vicios de la sociedad. Lejos de representar únicamente el final de la vida, sus personajes tenían gestos, ocupaciones y comportamientos reconocibles para el público, como si la muerte también participara en los asuntos de los vivos.

La Calavera Garbancera surgió de esa mirada incisiva. Con un sombrero ostentoso y el rostro reducido a una calavera, el personaje cuestionaba a quienes pretendían distinguirse mediante las apariencias y despreciaban sus orígenes. Posada utilizó un recurso visual sencillo para construir una crítica que podía circular entre distintos sectores de la población.

Aunque su trabajo adquirió una enorme relevancia para el arte mexicano, el reconocimiento que hoy tiene no llegó plenamente durante su vida. El artista murió en la Ciudad de México el 20 de enero de 1913, a los 60 años. Con el paso de las décadas, sus grabados fueron revalorados por creadores e investigadores que encontraron en ellos una expresión fundamental de la gráfica popular mexicana.

Su legado trascendió el papel y las placas de impresión. Posada abrió un camino para que la caricatura, el humor negro y las representaciones de la muerte se convirtieran en vehículos de reflexión sobre la sociedad. La figura que dibujó terminaría por alcanzar una dimensión cultural que difícilmente podía imaginarse a partir de su primera aparición.

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Diego Rivera transformó la imagen original al vestirla elegantemente en su mural de 1947. Foto: Gobierno de México

¿Qué tiene que ver Diego Rivera con La Catrina?

Si Posada imaginó la calavera, Diego Rivera fue quien le dio el nombre y la apariencia elegante que hoy la distingue. El muralista retomó aquella imagen y la incorporó a una de las obras más reconocidas de la pintura mexicana: Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizada en 1947.

En el mural, Rivera transformó la figura original al representarla de cuerpo entero, con un vestido largo, una estola y una presencia refinada. La calavera dejó atrás la sencillez del grabado para convertirse en una dama que pasea entre personajes de distintas épocas de la historia nacional.

El nombre también aportó una nueva lectura. La palabra catrín se utilizaba para describir a un hombre elegante y bien vestido, asociado con las clases acomodadas. Al feminizar el término, Rivera bautizó a la calavera como La Catrina y reforzó la ironía que ya existía en la obra de Posada: una apariencia distinguida que no podía ocultar los huesos.

La composición del mural guarda otro detalle significativo. La Catrina aparece tomada de la mano de un Diego Rivera representado como niño, mientras que José Guadalupe Posada está a su otro lado. La disposición de los personajes establece un vínculo visual entre el grabador que creó la imagen original y el muralista que la reinterpretó.

La obra, concebida como un recorrido por la memoria histórica y cultural de México, permitió que la calavera adquiriera una nueva dimensión artística. Su presencia en una pintura monumental contribuyó a consolidarla como un personaje reconocible más allá de las publicaciones populares.

Desde entonces, la imagen elegante de La Catrina se ha reproducido en pinturas, esculturas, artesanías y múltiples expresiones de la cultura mexicana. La intervención de Rivera fue decisiva para que aquella sátira gráfica se transformara en el personaje que hoy identifica a millones de personas con las celebraciones de noviembre.

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Las Catrinas se convirtieron en un símbolo del Día de Muertos. / Foto de archivo: Diego Simón Sánchez

La Catrina, el símbolo mexicano del Día de Muertos

Cada año, cuando llega el Día de Muertos, La Catrina aparece en los panteones, las ofrendas, las plazas públicas y las calles decoradas para recibir a quienes regresan simbólicamente a visitar a sus seres queridos. Su rostro de calavera, acompañado de flores, colores y vestimentas elaboradas, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la celebración mexicana dentro y fuera del país.

Su popularidad también se refleja en los maquillajes artísticos, los concursos de caracterización, los desfiles y las figuras artesanales que cobran vida en materiales como barro, cartonería, papel maché y cerámica. Cada creador aporta detalles propios, desde los vestidos tradicionales hasta los diseños contemporáneos que combinan elementos mexicanos con propuestas de moda y fantasía.

Sin embargo, su significado va más allá de la estética. La Catrina conserva la idea de que la muerte no distingue entre clases sociales, fortunas o apellidos. Esa lectura conecta con una tradición mexicana en la que las calaveras literarias, el humor y la sátira permiten hablar de la muerte sin despojarla de su dimensión humana.

También representa la capacidad de la cultura popular para transformar una crítica en un símbolo compartido. Lo que comenzó como una imagen incómoda para quienes buscaban aparentar una posición social terminó incorporándose a una de las celebraciones más importantes del país.

En el Día de Muertos, La Catrina convive con el cempasúchil, el papel picado, el pan de muerto y las fotografías colocadas sobre los altares. No sustituye las costumbres familiares ni las creencias que dan sentido a las ofrendas, pero sí funciona como una figura artística que acompaña y distingue esta temporada.

Su permanencia demuestra que los símbolos culturales cambian de significado con el tiempo. La Catrina sigue siendo una calavera elegante, aunque detrás de su vestido y su sonrisa descarnada permanece aquella pregunta que planteó el arte de Posada: ¿de qué sirven las apariencias cuando, al final, todos compartimos el mismo destino?

AMD