El Pacto por la Paz en Juchitán “no se trata solo de detener delincuentes”: José de Jesús Romero López| ENTREVISTA
Gobierno de Oaxaca lanza el Pacto por la Paz en Juchitán; estrategia integral busca frenar violencia y reconstruir tejido social.
Autoridades estatales y federales coordinarán acciones en territorio para contener la violencia en Juchitán, asegura José de Jesús Romero López|
/Foto: Gobierno de Oaxaca
El “Pacto por la Paz de Juchitán” irrumpe en la agenda pública como una respuesta directa a la presión social y económica que atraviesa uno de los municipios más estratégicos del Istmo de Tehuantepec. En entrevista con Eje Central, el Secretario de Gobierno de Oaxaca, José de Jesús Romero López, detalla los ejes de una intervención que combina operación territorial, política social y reconstrucción comunitaria.
Sin adelantar resultados, el funcionario perfila una estrategia que no solo busca contener la violencia, sino intervenir el espacio urbano y social desde sus cimientos, en un territorio marcado por dinámicas económicas clave y la presencia de grupos delictivos que han tensionado la vida cotidiana. El plan, afirma, se desplegará con coordinación institucional y participación ciudadana.
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¿Qué es el “Pacto por la Paz de Juchitán”?
El diseño del Pacto por la Paz se articula en cuatro ejes que funcionan como columnas estructurales de la intervención pública, cada uno enfocado en una dimensión específica del problema.
El primero es el control territorial, orientado a recuperar espacios dominados por dinámicas delictivas. “Se va a fortalecer esta parte inoperativa del control territorial y avanzar en la definición de estos objetivos que siguen generando violencia”, explica Romero López, al subrayar que la prioridad es ubicar y desarticular a los generadores de violencia.
El segundo eje es la coordinación interinstitucional, que involucra a fuerzas federales y estatales. “Se ha desarrollado una política directa… junto con la Marina, la Defensa, la Guardia Nacional y la Fiscalía”, señala, destacando que esta sinergia ya ha permitido la detención de más de 120 objetivos prioritarios.
El tercer componente es la atención a las causas sociales, donde el enfoque cambia de la contención a la reconstrucción. “No se trata solo de detener delincuentes… el delito sigue generándose porque no se atienden las causas estructurales”, advierte el funcionario, al justificar la intervención directa en comunidades.
Finalmente, el cuarto eje corresponde a la intervención integral en territorio, que incluye desde la regularización del mototaxi hasta la atención en salud, servicios y programas sociales. “Vamos a ir a los polígonos, atender las necesidades de la gente en materia de salud, servicios y políticas públicas”, detalla.
¿Cómo se implementará el “Pacto por la Paz de Juchitán” y cuándo?
La ejecución del pacto responde a una lógica progresiva que combina presencia institucional con intervención directa en campo. El arranque formal se estableció el 15 de abril de 2026, con una ruta de acción que se extenderá hasta el 8 de octubre.
En términos de seguridad, se conformará una fuerza multitarea con capacidades de inteligencia. “Va a ser una fuerza integrada por todas las corporacionesa, se actuará con inteligencia para localizar estos objetivos prioritarios”, explica Romero López.
De forma paralela, el despliegue incluye brigadas que recorrerán colonias y viviendas. “Vamos a atender casa por casa, ver qué problemática tienen en orden social, educativo y de oportunidades”, afirma, delineando una intervención que se inserta directamente en la vida cotidiana.
Además, se prevén acciones de infraestructura social que reconfiguran el entorno urbano inmediato: iluminación, cámaras de vigilancia y botones de alerta, como parte de un rediseño funcional del espacio público.
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¿Qué papel tendrá la ciudadanía en el “Pacto por la Paz de Juchitán”?
El pacto no se concibe como una política vertical. Su implementación parte de una fase de diálogo con actores sociales, económicos y culturales, en la que se busca construir legitimidad desde abajo.
“Vamos a dialogar con todos los sectores para que conozcan el plan, lo asuman y participen”, sostiene el consejero jurídico. Esta etapa incluye la firma de acuerdos y la integración de la comunidad en el proceso.
En este contexto, se recupera el concepto del tequio como herramienta de cohesión social. “Vamos a generar tequios por la seguridad, iluminar calles, colocar cámaras”, menciona, en referencia a prácticas colectivas que reactivan la corresponsabilidad ciudadana.
La participación no se limita a la ejecución, sino que también se proyecta en la continuidad del plan, con una comunidad involucrada en su seguimiento y evaluación.
¿Qué etapas seguirá el “Pacto por la Paz” para atender la violencia?
El Pacto por la Paz se estructura en cuatro fases que ordenan su implementación en el tiempo y en el territorio, con una lógica que va del diagnóstico a la evaluación.
La primera etapa corresponde a la socialización, donde se presentan los alcances del plan. “Consiste en una serie de diálogos con los sectores, para que lo conozcan y participen”, explica.
La segunda fase implica un diagnóstico detallado de los polígonos de riesgo. “Vamos a identificar dónde se cometen los delitos y dónde se recluta a jóvenes”, señala, destacando la precisión territorial del análisis.
En la tercera etapa se ejecutan las acciones. “Vamos a llevar brigadas médicas, sociales y generar oportunidades para los jóvenes”, afirma Vásquez Sagrero, delineando una intervención que mezcla política social con prevención del delito.
Finalmente, la cuarta fase se centra en la evaluación. “Va a haber seguimiento semanal, para establecer un mecanismo de evaluación”, detalla, asegurando continuidad institucional.
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¿Qué cambios traerá el nuevo plan de seguridad en la vida diaria de Juchitán?
El impacto proyectado del pacto no se mide únicamente en cifras delictivas, sino en la transformación del entorno social y urbano. La estrategia busca modificar la experiencia diaria de los habitantes.
“Se espera recuperar el control territorial, la paz social y mejorar la percepción de seguridad”, afirma Romero López, al describir un escenario donde la presencia institucional se vuelve constante.
El componente cultural y comunitario también juega un papel relevante. “Vamos a recuperar este bagaje histórico cultural, trabajar con la gente para que el pueblo viva en paz”, añade, apuntando a una reactivación del tejido social.
Y asegura: “Llegamos para quedarnos a Juchitán. No nos vamos a ir hasta que concluya la administración del gobernador Salomón y sabemos que habrá grandes resultados”.
En conjunto, el plan pretende reordenar las dinámicas del municipio, reconstruyendo vínculos comunitarios y devolviendo estabilidad a un territorio clave para Oaxaca.