Fuerzas Armadas desarrolla tecnología antidron para proteger a militares de ataques y explosivos en México
En el caso de K’iinbal, la idea es actuar contra la aeronave no tripulada antes de que alcance su objetivo.
Fuerzas Armadas desarrollan un escudo contra drones K’iinbal.
/Foto: Gemini/ Eje Central
Los drones dejaron de ser únicamente herramientas de vigilancia. Su uso para atacar personal, instalaciones y vehículos militares ha obligado a las Fuerzas Armadas a buscar nuevas formas de responder sin poner directamente a los soldados frente a la amenaza.
Ante este escenario, la Secretaría de la Defensa desarrolla un paquete tecnológico propio para detectar, inhibir y neutralizar aeronaves no tripuladas, además de localizar artefactos explosivos improvisados y minas sin que los militares tengan que acercarse físicamente.
La estrategia contempla al menos tres proyectos con objetivos distintos: un sistema antidron denominado K’iinbal, simuladores para entrenar a las tropas frente a ataques con aeronaves no tripuladas y un sistema integrado por un vehículo terrestre y un dron para detectar y enfrentar explosivos.
La propia Defensa estableció que estas tecnologías deben ofrecer protección en “zonas de alta incidencia de este tipo de ataques”.
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K’iinbal: así busca México frenar un dron antes de que llegue al objetivo
Uno de los desarrollos centrales es K’iinbal, un sistema diseñado para interferir con aeronaves no tripuladas utilizadas con fines hostiles.
Su funcionamiento parte de la emisión de ondas de radiofrecuencia capaces de bloquear la comunicación entre el dron y su operador, así como la señal GPS.
Cuando el enlace queda interrumpido, la aeronave puede perder la capacidad de continuar con la misión para la que fue enviada.
Dependiendo de sus características y configuración, la interferencia puede provocar que el dron aterrice, regrese hacia su punto de origen o termine cayendo.
El objetivo militar es reducir el tiempo de exposición ante una aeronave que podría transportar una carga explosiva.
La lógica detrás de estos equipos es relativamente sencilla: si el operador deja de controlar la aeronave, se interrumpe una parte esencial de la amenaza.
Los sistemas de inhibición buscan afectar las comunicaciones utilizadas por el dron. En lugar de enfrentar directamente la aeronave mediante fuego convencional, la respuesta se concentra en cortar los enlaces que permiten dirigirla.
Esto resulta particularmente relevante en escenarios donde un vehículo no tripulado puede aproximarse a posiciones militares, instalaciones o convoyes.
Sin embargo, la interferencia no significa que todos los drones reaccionen exactamente de la misma manera. El comportamiento depende del modelo, su programación y los sistemas de navegación que utilice.
México también prepara a sus soldados para reconocer ataques con drones
La tecnología no se limita a los equipos capaces de neutralizar aeronaves.
Las Fuerzas Armadas también contemplan simuladores de entrenamiento SODA, diseñados para preparar a los militares ante situaciones de ataque con drones.
El entrenamiento utiliza software y escenarios simulados para que los soldados aprendan a reconocer señales asociadas con la presencia de una aeronave no tripulada y reaccionen con mayor rapidez.
Entre las capacidades que se buscan desarrollar está el reconocimiento del zumbido y la silueta de un dron, además de la aplicación de protocolos para ponerse a cubierto y responder ante una posible emboscada desde el aire.
La intención es que una tropa pueda reaccionar durante los primeros segundos de una amenaza, cuando identificar el origen de un ataque puede resultar especialmente complicado.
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Un dron y un vehículo terrestre contra los explosivos
El tercer proyecto cambia el escenario: ya no se trata de detener una aeronave, sino de evitar que los militares tengan que acercarse a un artefacto explosivo.
Para ello se plantea un binomio formado por un dron y un vehículo terrestre no tripulado.
El dron permite realizar una primera exploración desde el aire y localizar posibles amenazas en la ruta de un convoy o en una zona donde exista sospecha de explosivos.
Una vez identificada la amenaza, el vehículo terrestre puede aproximarse para realizar tareas de manipulación, neutralización o detonación remota, según el equipo y procedimiento empleado.
La ventaja principal está en mantener al personal militar a distancia mientras se analiza el artefacto.
La tecnología busca proteger a los militares antes del enfrentamiento
Los tres proyectos tienen algo en común: intentan desplazar al soldado del punto de mayor peligro.
En el caso de K’iinbal, la idea es actuar contra la aeronave antes de que alcance su objetivo.
Con los simuladores SODA, el propósito consiste en reducir el tiempo de reacción de los militares cuando aparece una amenaza aérea.
Y con el binomio de dron y vehículo terrestre, el objetivo es que la búsqueda y atención de explosivos pueda realizarse sin enviar directamente a un elemento humano hacia el artefacto.
No se trata, por tanto, de una sola tecnología, sino de una estrategia que combina detección, interferencia, entrenamiento y operación remota.
Drones y explosivos: el reto que enfrentan las Fuerzas Armadas
El desarrollo de estos sistemas responde a un cambio en el tipo de amenazas que pueden enfrentar las unidades militares.
Una aeronave pequeña puede utilizarse para observar movimientos, transportar objetos o realizar ataques sin que el operador se encuentre cerca del objetivo.
Los artefactos explosivos improvisados representan un problema diferente: pueden permanecer ocultos en caminos y rutas utilizadas por vehículos militares, obligando a las tropas a identificar la amenaza antes de continuar.
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Por eso, la Defensa busca que sus unidades tengan herramientas para enfrentar ambos escenarios sin depender exclusivamente de la reacción directa del personal.
Tres proyectos para una misma estrategia
El paquete tecnológico puede resumirse en tres frentes:
- K’iinbal: sistema antidron basado en interferencia de radiofrecuencia para interrumpir comunicaciones y navegación.
- SODA: simuladores para entrenar a los militares ante ataques con aeronaves no tripuladas.
- Dron + vehículo terrestre: sistema para localizar y atender explosivos a distancia.
La apuesta es que estas herramientas permitan detectar una amenaza antes, reaccionar más rápido y mantener a los militares fuera del punto de mayor riesgo.
La Defensa plantea utilizar esta tecnología especialmente en zonas donde existe una alta incidencia de ataques con drones, un escenario que ha obligado a las Fuerzas Armadas a incorporar nuevas capacidades frente a amenazas que hace algunos años no ocupaban el mismo lugar en sus operaciones. DJ