¿Por qué muchos alimentos y productos son tan blancos? El secreto del dióxido de titanio

4 de Enero de 2026

¿Por qué muchos alimentos y productos son tan blancos? El secreto del dióxido de titanio

Algunas naciones de la Unión Europea lo han prohibido como aditivo alimentario por precaución.

Cumpleaños Soldado Arkadas

Se llevó a cabo la celebración del Primer Cumpleaños del Soldado Arkadas en la que lo acompañaron binomios caninos y el festejo con un pastel con relleno blanco.

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Graciela López Herrera

Se llevó a cabo la celebración del Primer Cumpleaños del Soldado Arkadas en la que lo acompañaron binomios caninos y el festejo con un pastel con relleno blanco.
Foto: Cuartoscuro

¿Alguna vez te has fijado en el blanco brillante de un chicle, una dona glaseada o una crema para café como si tuviera colorante blanco? Ese color perfecto y uniforme no siempre es natural. En muchos casos, se logra con un aditivo llamado dióxido de titanio (conocido en las etiquetas también como E171). Este es el mismo ingrediente que se utiliza para dar blancura y opacidad a productos no alimenticios como la pasta de dientes, el cemento, el papel y las pinturas para automóvil. Su función en la comida es puramente estética: no aporta sabor, ni nutrientes, solo mejora el color y la textura, haciendo que los productos se vean más atractivos en el anaquel.

Aunque su uso está aprobado por autoridades sanitarias en muchos países, incluido México, existe un debate científico y regulatorio sobre sus efectos a largo plazo en la salud. Algunas naciones de la Unión Europea lo han prohibido como aditivo alimentario por precaución. La preocupación central es que, al carecer de valor nutricional, su consumo regular en los alimentos ultraprocesados podría no ser inocuo. Además, en México, la normativa no siempre obliga a declararlo de manera clara en el etiquetado frontal, por lo que puede pasar desapercibido para la mayoría de los consumidores.

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¿En qué productos cotidianos encuentras dióxido de titanio?

El dióxido de titanio está mucho más presente en tu día a día de lo que imaginas. No solo está en la comida; su capacidad para blanquear y dar opacidad lo hace útil en una amplia gama de industrias. Es importante aprender a identificarlo en las listas de ingredientes, donde puede aparecer como “dióxido de titanio”, “E171" o “CI 77891" (en cosméticos), un colorante blanco común.

Alimentos y bebidas comunes que lo contienen:

  • Dulces y chicles: Especialmente en las coberturas y glaseados blancos (como en donas o bombones).
  • Productos de panadería y pastelería: Para dar un color blanco puro a cremas, rellenos y decoraciones.
  • Salsas blancas y aderezos: Como ciertas mayonesas o salsas cremosas para uniformar el color.
  • Productos lácteos: En algunos quesos blancos para mascarpone o quesos de untar, y en leches saborizadas.
  • Suplementos y medicinas: Se usa para recubrir pastillas y cápsulas, y en algunos multivitamínicos en polvo o tabletas.
  • Productos en polvo: Como crema para café, mezclas para preparar aguas de sabor y algunas sopas instantáneas.
pastelillo
Pastelillo con colorante blanco. / Foto: Larry White en Pixabay

Otros artículos de uso diario:

  • Productos de cuidado personal: Pasta de dientes (como pigmento blanco), protectores solares (como filtro físico contra rayos UV), jabones y maquillaje (bases, polvos sueltos).
  • Productos no alimenticios: Pinturas, plásticos, textiles y papel.

¿Es seguro el dióxido de titanio en los alimentos? La controversia

La seguridad del dióxido de titanio como aditivo alimentario es el centro de la polémica. Por un lado, agencias como la FDA en Estados Unidos y las autoridades sanitarias en México (COFEPRIS) lo consideran seguro para su uso en las cantidades permitidas. Sin embargo, nuevos estudios han generado dudas.

La principal preocupación de científicos y algunos organismos regulatorios internacionales radica en las partículas en tamaño nanométrico que puede contener este aditivo. Algunas investigaciones en animales sugieren que, en grandes cantidades, estas nanopartículas podrían causar inflamación o tener otros efectos no deseados. Aunque no hay consenso total sobre el riesgo para humanos en las dosis habituales, la incertidumbre llevó a la Unión Europea a prohibir su uso como aditivo alimentario (E171) en 2022, aplicando el “principio de precaución”.

En México, su uso sigue estando permitido bajo la norma oficial. El reto para los consumidores es que, aunque debe aparecer en la lista de ingredientes, el etiquetado frontal de advertencia (sellos negros) no lo identifica específicamente. Un producto alto en dióxido de titanio no llevará un sello que diga “contiene dióxido de titanio”, por lo que la única manera de detectarlo es leyendo cuidadosamente la lista de ingredientes en la parte posterior o lateral del empaque.

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Cómo identificar y reducir tu consumo de dióxido de titanio

Si decides minimizar tu exposición a este aditivo, puedes tomar acciones prácticas basadas en la información disponible:

  1. Conviértete en detective de etiquetas: Antes de comprar, lee la lista de ingredientes. Busca las palabras “dióxido de titanio” o el código “E171". Mientras más al inicio de la lista aparezca, mayor es la proporción en el producto.
  2. Prefiere alimentos menos procesados: El dióxido de titanio es un indicador claro de procesamiento industrial. Los alimentos frescos, naturales y mínimamente procesados (frutas, verduras, granos enteros, carnes y lácteos simples) no lo contienen.
  3. Cuestiona la necesidad del color blanco perfecto: Pregúntate si es necesario que un chicle, un glaseado o una crema sean tan blancamente artificiales. A menudo, el color natural de los ingredientes es una buena señal.
  4. Busca alternativas: En el caso de productos como el protector solar, puedes elegir versiones minerales que usen óxido de zinc, que también es un filtro físico efectivo y generalmente considerado con un perfil de seguridad robusto.
Ideogram hombre con ticket de compra
Hombre busca alimentos sin colorante blanco. / Foto especial: Ideogram

La presencia del dióxido de titanio en tantos productos de consumo es un claro ejemplo de cómo los aditivos estéticos están integrados en nuestra vida diaria. Su función de mejorar el color y la textura responde más a las demandas del marketing y la apariencia que a una necesidad nutricional. Si bien las autoridades en México mantienen su aprobación, el debate científico internacional y las prohibiciones en otros países invitan a una reflexión y a un consumo más informado.

La elección final recae en el consumidor. La herramienta más poderosa que tenemos es la lectura consciente de las etiquetas y la preferencia por una dieta basada en alimentos reales. Entender para qué sirve el dióxido de titanio y en qué productos se esconde es el primer paso para tomar decisiones alimentarias que se alineen con nuestros valores y nuestra búsqueda de bienestar. DJ

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