En uno de los asuntos que considero son de los más relevantes de nuestro país, la economía, surgen discrepancias que solo provocan dudas y enconos innecesarios, cuando en verdad pienso que la gran mayoría de los que participamos en el tema buscamos el bien superior: la mejora de las condiciones de vida de millones de mexicanos.
Un mismo día podemos leer noticias de lo bien o lo mal que va la economía, ambas con datos e informes precisos, y esto es parte del engaño que debemos dejar de lado, tanto unos como otros.
Vale la pena revisar algunos datos para ver hasta dónde es posible confiar en lo expresado. Me referiré a tres de ellos. Empecemos por el gobierno de la República, convencido –según se ha informado–, de que la economía va bien. Para ello ha mencionado: “cerramos este 2025 como el segundo país con menos desocupación del mundo"; en mayo pasado se dijo que “México está entre los tres países con menor desocupación en el mundo”. En ninguna de las dos citas se menciona la fuente, lo cual ya genera dudas, y más aún cuando se sospecha que los datos se manipulan, porque si le presentaran a la presidenta las fuentes y los datos concretos, ella seguramente los analizaría y pensaría si los menciona o no.
En este tema, crucial por donde se le vea, hay que tomar en cuenta que el INEGI define como ocupada a una persona que realizó alguna actividad remunerada durante al menos una hora a la semana. Así de sencilla y laxa es la medición.
Esta conveniente definición permite ocultar que cerca del 60% de las personas ocupadas en nuestro país lo están en condiciones de informalidad, es decir, trabajan sin seguridad social para ellas y para sus familias, ya sea porque son independientes o porque, aunque trabajen para algún patrón, éste no las registra en el seguro social, para evitarse el costo.
Me preocupa que se presuma de ser uno de los países con menor desocupación, bajo estas características, y creo que sería mucho más conveniente que el gobierno buscara la manera de resolver esta terrible desigualdad, en lugar de presumir de ella.
En otro tema igualmente importante, el crecimiento de la deuda pública: los expertos advierten que, al paso que vamos, llegaremos al 60 por ciento del PIB para 2030 si no se toman medidas, sobre todo considerando que las previsiones de crecimiento económico se han ido ajustando a la baja mes con mes. La última proyección de la OCDE calcula el crecimiento para este año en 0.8%, muy lejos del 2.3 por ciento que había anunciado la SHCP.
A esto habría que sumar el caso de las calificadoras que han bajado la nota de nuestro país y las declaraciones del secretario de Economía, quien lisa y llanamente anunció que sí habrá tratado de libre comercio, pero con aranceles, lo cual, a mi juicio, vacía de sentido las palabras “libre comercio”.
Pero como decía al principio, de lo que se trata es de buscar la mejor manera de salir adelante. Para ello, académicos y expertos han señalado la necesidad de avanzar hacia otro modelo de desarrollo económico que reconozca la difícil situación que vivimos y apueste por herramientas distintas para superarla.
Porque hay que decirlo con claridad: todos los días los servidores públicos de todos los niveles se llenan la boca criticando el pasado neoliberal, mientras la realidad indica que, en materia económica, los gobiernos de la 4T siguen aplicando, en muchas de sus decisiones, esa misma receta.
Ojalá el gobierno aprovechara esta ocasión para abrir un gran debate, con la participación de autoridades, académicos y expertos, sobre y hacia dónde debemos dirigirnos y qué medidas son necesarias para garantizar, hoy y en el futuro, los avances logrados en favor de quienes menos tienen, porque al paso que vamos será muy difícil sostenerlos.