Durante décadas, la competencia entre las marcas automotrices se concentró en fabricar mejores motores, diseños más atractivos, mayor equipamiento y vehículos cada vez más seguros. Hoy, sin embargo, la batalla también se libra en un terreno menos visible para los consumidores, pero determinante para la supervivencia de cualquier fabricante: la transformación digital.
La industria automotriz está entendiendo que no basta con electrificar sus vehículos, incorporar pantallas de última generación o desarrollar sistemas de conducción inteligente. La verdadera revolución también ocurre detrás de los escritorios, en los departamentos financieros, en la administración del talento y, sobre todo, en la capacidad de procesar información para tomar decisiones en tiempo real.
La necesidad de ser más eficientes no solo contribuirá a reducir costos y mejorar el balance financiero, que desde luego es muy relevante, también contribuirá a poner más atención en los procesos que el cliente no ve, aunque son muy relevantes para lograr, no solo cerrar una venta, sino también darle el servicio que merece cada cliente que se capta en el sector. En ocasiones el punto flaco para algunas empresas automotrices es el seguimiento al cliente, el apapacho, el estar pendientes, el tener la respuesta a cada solicitud, las refacciones necesarias y sobre todo el que cada uno de los clientes se mantenga satisfecho con su compra y lograr ese nivel de fidelidad para que el siguiente vehículo también sea de la marca. Esto no es sencillo, sin embargo, avanzar en la revolución detrás de los escritorios tiene mucho potencial para el sector.
Un buen ejemplo es Audi México, que de la mano de SAP está apostando por plataformas tecnológicas en la nube para automatizar procesos, reducir tareas administrativas y mejorar su eficiencia operativa. Puede parecer un asunto estrictamente corporativo, pero no lo es. En un mercado global donde cada minuto cuenta y los márgenes de competitividad son cada vez más estrechos, administrar mejor los recursos puede ser tan importante como lanzar un nuevo modelo y la diferencia entre una mejor gestión tiene gran valor.
La lección es clara: las armadoras que quieran mantenerse en la primera línea no solamente tendrán que fabricar buenos automóviles, también deberán convertirse en empresas inteligentes, conectadas y capaces de anticiparse al mercado. Porque la próxima gran ventaja competitiva de la industria quizá no esté bajo el cofre, sino en los datos. Tome nota.
UAM: sensibilidad y diálogo institucional
Luego de los cuestionamientos por la adquisición de vehículos eléctricos en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la institución decidió devolver las unidades, aun cuando su compra se había sustentado en criterios de eficiencia financiera, modernización y sostenibilidad. Lo destacable es la sensibilidad de la institución que reconoció las inquietudes de la comunidad estudiantil y dar prioridad a la escucha y al entendimiento. Bien por una conducción institucional que, frente a las diferencias, privilegia el diálogo sobre la confrontación. Una señal de que la responsabilidad universitaria también implica escuchar, atender y construir acuerdos con su comunidad. ¡Vaya polémica!