Nunca habíamos visto algo así en la historia del México democrático. El escándalo de Guadalupe Taddei es algo inédito. Y de todo lo que ha salido, es difícil escoger qué es lo peor.
Los contratos irregulares a Cajas Graf, Corporativo Zeg y las otras empresas amigas encabezan la lista. Estamos hablando de un daño al erario de cientos y posiblemente miles de millones de pesos. Se calcula que la red empresarial de José Alfredo Hernández recibió más de 850 millones de pesos en contratos sospechosos.
Pero el evidente control que tenía este señor sobre la estructura del INE también debería escandalizarnos. En los videos filtrados, el empresario José Alfredo Hernández repite una y otra vez que él metió gente a la nómina, que colocó a los suyos en puestos de toma de decisiones, que rodeó a Taddei con gente leal a él.
Estamos hablando de un proveedor del gobierno. ¿Hasta dónde habrá llegado su influencia en realidad? ¿De las cosas que ha hecho el instituto en los últimos años, cuáles tuvieron que ver con él? ¿En qué otras partes del país, en qué otras instituciones, no estará pasando lo mismo?
Los videos también son terribles. El tono con el que el empresario le hablaba a la presidenta del INE y cómo ella se sonrojaba. El tenor de su voz cuando le estaba dando la bienvenida al hijo de Taddei a uno de los hoteles más caros de París. Las fiestas, las llamadas telefónicas. Es difícil pensar, en la historia moderna de la política mexicana, en casos tan explícitos de audios filtrados de funcionarios.
Estas son muestras vivas de cómo se escucha, cómo se desenvuelve la corrupción política en este país. Son ejemplo de los tonos, códigos y relaciones que se usan para robar al erario. Son referencia del detrás de escenas de los pactos que hacia afuera se presentan como transparentes.
Y luego está todo el tema del nepotismo. Se calcula que Guadalupe Taddei y al menos siete familiares suyos que trabajaban en el gobierno ingresaban casi 12 millones de pesos al año en salarios. Sus hijos Luis Rogelio y León Fernando, su sobrino Pablo, su primo Jorge Luis, su otro primo Luis Alonso, su sobrina Ivanna y su hermano Jorge Carlos; todos ellos tenían puestos importantes en el servicio público y todos cobraban muy, muy bien.
¿En qué momento el clan Taddei se volvió un imperio de la política mexicana? ¿En qué momento esta familia desconocida se esparció por el servicio público como una mala hiedra? Y sí, de todo lo que ha salido, es muy difícil decidir qué es lo peor. Bueno, tal vez lo peor es que la credibilidad de nuestro árbitro electoral está colapsando de forma dramática.
La realidad es que la cloaca ya está abierta, que alguien (quién sabe quién) está soltando la sopa. Y no sé qué preocupa más, si todas las cosas que hasta ahora han salido de la cloaca o todas las cosas que parece que hay ahí abajo y que no tardan en salir.