El golpe al movimiento MAGA

6 de Noviembre de 2026

El golpe al movimiento MAGA

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Edgar Rodríguez González

La jornada electoral del martes pasado estuvo marcada por el rechazo explícito a la gestión del presidente Trump y por el desgaste de su omnipresente figura en la vida pública de la sociedad del país de las barras y las estrellas.

El voto: “todo menos Trump” se convirtió en un pasivo para el Partido Republicano y, en consecuencia, en el activo más importante para la causa demócrata. Este solo hecho me obliga a guardar reserva ante el júbilo del Partido Demócrata.

Sin embargo, más allá de la redistribución aritmética de los escaños en el Congreso, el significado de estos comicios radica en la fisura del modelo de dominación populista, ideológica y territorial establecido por el movimiento Make America Great Again (MAGA).

Este movimiento representa entre el 18% y 22% de los adultos estadounidenses que se identifican de forma explícita como simpatizantes o miembros del movimiento MAGA, según encuestas nacionales. En términos generales, representan un bloque de 45 a 55 millones de personas en todo el país.

Para las coaliciones dominantes del Partido Republicano que representa alrededor del 40% del voto duro republicano —y en particular para las aspiraciones presidenciales del vicepresidente JD Vance y del secretario de Estado Marco Rubio— los resultados no solo alteran el mapa de poder para el resto del mandato presidencial, sino que también obligan a una reevaluación total de la viabilidad del populismo conservador y de la derecha radical de cara a las elecciones presidenciales de 2028.

Circula con fuerza la idea de que este triunfo de la ola azul marca el principio del fin del movimiento MAGA y del populismo de derecha en Estados Unidos. Esta sobresimplificación de un colapso inmediato, me parece que deja fuera varios aspectos de la cultura política norteamericana y prefiero entender que estamos ante una degradación estructural y un agotamiento de la coalición del movimiento MAGA con el Partido Republicano que se explica por tres principales factores:

1. La Fractura de la invencibilidad electoral. Este movimiento basó su legitimidad interna en su capacidad para movilizar a la clase trabajadora blanca no universitaria y para dar voz al electorado rural. Sin embargo, los resultados demostraron que el modelo presenta rendimientos decrecientes estructurales. Las derrotas en bastiones conservadores, como los escaños perdidos en el senado de Ohio (estado del propio JD Vance), Texas, Kansas e Iowa, son evidencia suficiente de que la marca MAGA está dejando de ser una póliza de seguro en territorios moderadamente rojos o púrpuras.

2. El techo de la polarización. La estrategia de polarización cultural extrema se enfrentó a un límite impuesto por un electorado fatigado por la inflación, el descontento socioeconómico y los desplantes de políticos y figuras cercanas al presidente Trump. El voto independiente, que en 2024 mostró volatilidad, se desplazó masivamente hacia el Partido Demócrata como mecanismo de contrapeso institucional.

3. Inicio del dilema existencial. MAGA aún mantiene un control férreo sobre la base militante del Partido Republicano, el aparato que controla las elecciones primarias locales y la narrativa del núcleo duro del partido. Sin embargo, los recientes resultados marcaron la transición de MAGA de una mayoría electoral basada en la movilización nacional a un movimiento faccional y atrincherado. Al perder la capacidad de ganar en la periferia suburbana y en las zonas de moderación industrial, MAGA enfrenta un dilema existencial: si el movimiento no puede ganar en distritos competitivos fuera del entorno rural primario, deja de ser un vehículo eficaz para conquistar la Casa Blanca y el Congreso. Por lo tanto, no es el fin definitivo de su influencia, sino la pérdida de su hegemonía indiscutida en la política nacional.

Ahora bien, para evitar convertirse en una minoría política irrelevante a nivel nacional, el movimiento MAGA y el sector del Partido Republicano que representa requieren emprender una reconfiguración ideológica de gran escala que transite del populismo cultural a una narrativa que no dependa únicamente del votante rural y de clase trabajadora blanca.

Las elecciones intermedias han marcado un punto de inflexión decisivo. Si el movimiento MAGA insiste en interpretar los resultados como un fraude o una anomalía pasajera, en lugar de un rechazo estructural a sus excesos ideológicos, corre el riesgo de profundizar su desgaste electoral.