“Las naciones deben tratarse como vecinos que comparten un mismo techo.”
Franklin D. Roosevelt
La soberanía nacional no es un privilegio que se reclame solo cuando conviene, es un principio que se debe exigir y respetar de manera recíproca, sin embargo, bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, el gobierno de México ha cruzado una línea indebida al convertir su red consular en Estados Unidos en una extensión operativa del partido Morena, instrumentalizando instalaciones y funcionarios diplomáticos para labores de organización, afiliación, educación política y movilización partidista de acuerdo al informe Mexico’s Regime in the United States.
Éste fue publicado el pasado 14 de octubre por la Texas Public Policy Foundation y el America First Policy Institute, documenta el plan de trabajo 2024-2027 de Morena para el exterior el cual contempla la creación de comités a lo largo de Estados Unidos, estructuras de coordinación regional, esfuerzos de afiliación y educación política, así como un contacto sostenido con los consulados mexicanos y las instituciones del Estado que atienden a mexicanos en el exterior.
El documento menciona el uso de consulados como sucursales del partido gobernante lo cual erosiona la separación entre Estado y partido, desvirtúa la función diplomática y expone una hipocresía profunda porque se denuncia la injerencia ajena con vehemencia retórica mientras se practica, de forma calculada y sostenida, la propia. Esta conducta no admite justificaciones de “atención a la diáspora”; constituye un abuso deliberado de la infraestructura estatal mexicana en el extranjero y un desafío directo a la reciprocidad que México reclama, pero no otorga.
Alejandro Robles Gómez, secretario de Mexicanas y Mexicanos en el Exterior de Morena, ha sostenido reuniones con funcionarios consulares en al menos seis ciudades estadounidenses. En Sacramento grabó un video desde instalaciones consulares en el que calificó de “despiadadas” las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump.
La presidenta ha negado que los consulados “hagan política” y ha insistido en que tienen instrucciones de no intervenir en asuntos internos de Estados Unidos, los hechos documentados, sin embargo, demuestran lo contrario.
Esta práctica choca con el requerimiento que México exige, porque nuestro país además, ha reforzado restricciones a la actividad de agentes extranjeros en su territorio y ha impulsado medidas electorales orientadas a prevenir lo que considera intervención externa. Invocar la soberanía para limitar la presencia de organismos o funcionarios estadounidenses mientras se permite o se facilita el uso de la infraestructura consular para fines partidistas es, como mínimo, un doble estándar.
El injerencismo que se denuncia cuando proviene de Washington no se vuelve legítimo cuando lo practica el partido gobernante de México, la protección de los derechos de los mexicanos en el exterior es una obligación legítima del Estado y convertir la red consular en plataforma de organización partidista, afiliación y difusión de la narrativa de la Cuarta Transformación rebasa esa función y erosiona la distinción entre Estado y partido.
El uso de instalaciones o relaciones consulares con fines partidistas debe tener consecuencias diplomáticas concretas, México no puede reclamar un trato especial en materia de no intervención si no lo otorga a su vez.
La soberanía se defiende con coherencia, quienes gobiernan tienen todo el derecho a promover su proyecto político entre sus connacionales y no tienen derecho a instrumentalizar instituciones del Estado mexicano en otro país mientras denuncian, en tono alto y claro, cualquier sombra de influencia extranjera en el propio. El informe antes mencionado no inventa una conspiración; describe una estrategia documentada; la pregunta que queda es urgente: si la no intervención es un principio irrenunciable, ¿por qué se aplica de manera tan desigual a uno y otro lado de la frontera?
La respuesta no puede ser el silencio cómplice ni la negación en la que usualmente se ampara la Presidenta, exige transparencia y un estándar de reciprocidad, de lo contrario, el discurso de soberanía se convertirá en una herramienta de conveniencia política.
*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política
*Sígueme: @simon_vargas_a y @Simón Vargas Aguilar