Entre los organismos y agencias mundiales a los que pertenece la mayoría de los países destaca, sin duda, uno cercano a nosotros: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), órgano de las Naciones Unidas, que durante años ha producido análisis y documentos importantes para la región.
Ahora acaba de publicar uno denominado Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2025. En dicho análisis confirma lo que muchos pensábamos que ocurriría no solo en nuestro país, sino en el mundo entero: un año de bajo crecimiento en términos generales. La CEPAL tiene que ser muy cuidadosa con los términos que utiliza y, así señala que el crecimiento económico de la región se mantuvo “moderado” en 2025, llegando a 2.4%, y para nuestro país indica que será de 0.4%, es decir, seis veces menos que el conjunto de la región.
Entre las notas raras se encuentra que Venezuela creció en 2025 a 6.5%, cifra que, con excepción de Guyana que creció al 15%, ha sido la más alta de la región.
Entre las buenas noticias está que la inflación está descendiendo en la región, debido fundamentalmente a la baja en los precios internacionales de los alimentos y la energía. Además, el comercio mundial registró una recuperación gracias, sobre todo, al mayor dinamismo del comercio Sur-Sur. También el área centroamericana, que nos incluye, se ha beneficiado de un flujo sostenido de remesas, y el déficit que tenemos se considera moderado.
El tema fundamental, a mi juicio, radica en que, como dice el documento, las perspectivas para 2026 siguen siendo de bajo crecimiento y, además, el consumo privado, que es el principal motor de la economía, va a disminuir. Aunado a ello, se presume que el crecimiento del empleo tendrá una desaceleración, aunque consideran que la inflación se mantendrá alrededor del 3%, lo cual es un buen indicador dentro de todo.
La región pasará de un crecimiento en 2025 de 2.4% a uno de 2.3% en 2026. Para nuestro país, el cálculo que hace la CEPAL es que pasaremos a un crecimiento de 1.3%, el menor de toda la región, con la excepción de Bolivia, que será del 0.5%.
Haciendo un análisis de los temas más importantes, es un indicador que refleja cómo hemos caído en el crecimiento económico en el mundo y que marca, a mi juicio, quiénes serán los vencedores de los años que vienen. Mientras la tasa de crecimiento real del PIB mundial fue de 3.3% en 2025 y en 2026 se calcula que será de 3.0%, Estados Unidos pasará en los mismos años de 2.8% a 1.7%, y aquí hay un claro aviso de lo que nos espera.
Para las otras dos grandes potencias, las perspectivas tampoco son muy halagüeñas, ya que China pasará de 5.0% a 4.3% y la India de 6.5% a 6.3%, cifras que por supuesto ya quisiéramos nosotros.
Un tema delicado es el referente al precio de la energía, ya que seguirá a la baja y se calcula que el petróleo caerá un 11.8%, como resultado de un exceso de oferta y un consumo más débil en todo el mundo. Pero también el precio del gas natural disminuirá y, en términos generales, la caída de estos productos será de entre 7% y 10%.
Otro tema que también preocupa es que se presume que habrá una caída en el número de personas ocupadas, dadas las perspectivas económicas que se observan. El documento es profuso en información, cuadros y datos, pero lo importante, a mi juicio, es que el panorama económico mundial y de la región para 2026 no es de llamar la atención, por lo que habrá que cuidar todas las decisiones que se tomen.
Sería conveniente que este gobierno convocara a expertos a que propongan qué hacer para salir de los pobres datos que tenemos sobre el crecimiento económico, más allá de reuniones en Palacio con los dueños del dinero, que en última instancia han sido los beneficiados de un anatema que es hoy el neoliberalismo y que, sorprendentemente, de nuevo se les invita a la mesa.