Buscando el Nobel de la paz

30 de Agosto de 2025

Luis M Cruz
Luis M Cruz

Buscando el Nobel de la paz

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1. El premio Nobel de la Paz fue incluido en el legado de Alfred Nobel para galardonar a una persona u organización destacable por sus contribuciones a la construcción o sostenimiento de la paz en el mundo. Lo han obtenido personalidades como Martin Luther King, Nelson Mandela, Barack Obama y Malala Yousafzai así como el mexicano Alfonso García Robles y destacadas organizaciones como la Cruz roja Internacional y la Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados, entre otras meritorias asignaciones. Ahora, mediante ese concepto arbitrario de los poderosos, lograr la paz mediante la fuerza, el presidente Donald Trump está empecinado en obtenerlo. Ciertamente, el impresionante poderío militar, tecnológico, comercial y económico de los Estados Unidos sostiene ese viejo criterio de imponer la paz, más que construirla, con el cual sometió a Irán, al bombardear e inutilizar sus instalaciones nucleares; ha apoyado el asedio de Gaza; medió en los ancestrales conflictos entre India y Pakistán y Azerbaiyán y Armenia evitando conflagraciones mayores, y ahora quiere lograr la paz entre Rusia y Ucrania con un acuerdo asimétrico entre el oso y el venado, en el cual éste último debiera dejarse cercenar una pata si es que quiere seguir viviendo.

2. Nada más lejano a la moderna concepción de basar la paz en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas, que entre otras cosas, postula la inviolabilidad de las fronteras de las naciones constituidas y descarta el uso de la fuerza para resolver las controversias. La paz debiera ser entonces el resultado de la diplomacia, el respeto a las normas internacionales, el desarme y la cooperación para el desarrollo, el comercio y la prosperidad entre naciones iguales e interdependientes. Las cosas ahora parecen estar volviendo a otros tiempos que se creía superados tras las grandes conflagraciones mundiales del Siglo XX.

3. La reciente cumbre de los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska, fue el primer encuentro tras la invasión rusa a Ucrania que le había proscrito del concierto internacional al atribuírsele crímenes de lesa humanidad por los que la Corte Penal Internacional de La Haya lo reclama. Si de encontrar la paz se trata, entonces ignorar la ley internacional resulta un mal menor, podría haber pensado el tío Trump, quien de una u otra forma quiere que Ucrania ceda territorios, Crimea y el Donbás a Rusia, a cambio del fin de la guerra y seguridades de que no habrá más ataques. Es decir, algo así como el armisticio coreano de 1953, el cual dividió a Corea en dos y se ha mantenido durante 72 años, dado que Ucrania, conforme a su Constitución política, no podría aceptar una cesión territorial.

4. Pero el tío Trump necesita urgentemente una campanada. La guerra arancelaria ya tiene efectos en los Estados Unidos, su popularidad ha caído al 39% según las últimas mediciones y la inflación no cede, reflejándose ya en incrementos en los precios de vivienda, alimentos y automóviles, todos ellos más que caros a los electores cuando ya se perfilan las elecciones de medio término, estando en juego la hegemonía republicana. De ahí que Trump apriete el paso buscando doblar a Ucrania y Europa a sus designios. Como señala Stacie Goddard en un reciente ensayo para Foreign Affairs (The rise and fall of Great-Power Competition, 2025), lo que Trump está pretendiendo es un mundo manejado por hombres fuertes en esferas de influencia, como serían Putin o el presidente chino Xi Jingping, con quienes se puede entender.

5. Esta visión recuerda un sistema concertado parecido al que rigió Europa en el siglo XIX tras las guerras napoleónicas, el llamado “Congreso de Viena”. Pero éste fue el resultado del desastre de las propias guerras napoleónicas y si bien duraría cien años, siempre hubo choques limitados entre las potencias con ambiciones imperiales para finalmente reventar en la Primera Guerra Mundial y un nuevo orden internacional no se resolvería sino hasta después de la Segunda. La partición de Ucrania difícilmente asegurará el nuevo orden mundial, así Trump obtuviera el Nobel que anhela.