El momento de las definiciones llegó y tanto el Partido Verde Ecologísta de México como el Partido del Trabajo tendrán que decidir si firman su certificado de defunción entregando sus votos a Morena para aprobar una reforma electoral que en el mediano plazo los aniquilaría, con seguridad a cambio de importantes posiciones politicas en la coyuntura, o toman distancia de su poderoso aliado, al menos en este tema, y enfrentan un enojo que no sería menor, con todo y sus consecuencias, para conservar su existencia y con ella, su autonomía legal y política de largo plazo.
Por jugosa y atractiva que parezca la compensación a cambio de aceptar desaparecer, gubernaturas o incluso secretarías de estado, no hay oferta que Morena les pueda hacer a sus socios del Verde y el PT, que valga más que el registro legal de dos partidos que, guste o no a un amplísimo sector de la sociedad, están clara y definitivamente consolidados e identificados entre los electores.
La negociación política entre el gobierno morenista y sus partidos aliados tendría que versar sobre el intercambio de los votos legislativos en Sán Lázaro y el Senado, por posiciones en el cortísimo y mediano plazo, para sus principales militantes y dirigentes. Eso por supuesto, dejaría fuera de la ecuación a la militancia de ambos partidos, que aunque no sea numerosa, tampoco es despreciable y tiene algún peso.
El acuerdo también implicaría obligar a competir a los candidatos del PVEM y el PT por votos, pero para ganar fundamentamente posiciones uninominales porque la representación proporcional desaparecería o se reduciría de forma muy importante con la reforma. Además, esa competencia tendría que hacerse sin dinero o con dinero propio porque la misma reforma reduciría de manerasustancial el financiamiento público a los partidos y, sin dinero, como lo muestra la historia lejana y reciente del sistema electoral mexicano, no hay posibilidades de ser competitivo en ninguna elección.
Otro problema para los partidos visagra es que, suponiendo sin conceder que las ofertas al Verde y al PT fueran del más alto nivel, tanto posiciones en el gabinete presidencial como gubernaturas, así como senadurías o diputaciones, todas son finitas, con fecha de caducidad y difícilmente refredables después del cambio de gobierno en 2030. Quien ocupe la Presidencia en el siguiente sexenio, si es morenista como hasta hoy parece que ocurrirá, no estará obligado politicamente y quizá tampoco interesado, en honrar un acuerdo de su antecesora para darle vida artificial a los partidos que hoy son aliados, pero que en el perfeccionamiento de un sistema de partido ultradominante como el que se perfila, no parecen necesarios, al menos en el mediano plazo, y en cambio son costosos porque demandarían posiciones que el morenismo también requiere.
Con el PT y el PVEM en extinción, sus dirigentes y miltantes tendrían que afiliarse a Morena, donde se diluirían, de forma inevitable, para mantener alguna participación política. Dentro de Morena, petistas y pevemistas tendrían que competir con las tribus que por estatutos no existen pero ahí están, y disputar cada espacio con los Padiernas, los Noroñas, los López Beltrán, los Alcalde y todos los demás grupos, familiares y no, que hoy coexisten dentro del movimiento.
Ser cabeza de ratón ha sido, por mucho, la mejor decisión política tanto de Alberto Anaya del PT, como de la familia González Torres y González Martínez. El profesor Anaya ha podido pactar su apoyo, con el PRD antes y con Morena después, todas las veces que ha querido hacerlo y siempre ha cobrado bien por votos que hoy valen mucho más que hace 10 o 20 años. El caso del PVEM es aún más claro. Ganada en los tiempos de Carlos Salinas, en la Secretaría de Gobernación de Fernando Gutiérrez Barrios primero y en el Departamenrto del Distrot Federal de Manuel Camacho Solís después, esa independencia jurídica, el registro legal, le permitió al PVEM aliarse con el PAN de Vicente Fox en 2000, con el PRI de Enrique Peña Nieto en 2012 y con Morena de López Obrador, después de que este ganó la Presidencia en 2018.
Los beneficios que ambos partidos han conseguido son inmensos y no se ve cómo podrían igualarlos si deciden entregar sus votos para convertirse en cola de león dentro de Morena. Sin embargo la política tiene caminos inescrutables y múltiples posibilidades, por lo que sería ingenuo descartar que PT y PVEM hagan un nuevo pacto con el poder y entreguen sus votos para aprobar la reforma electoral que los liquidaría.