Históricamente, los inicios y finales de ciclo, han sido utilizados por la humanidad, para hacer un ejercicio del haber y el deber. Lo que hemos aprendido, logrado o conseguido. Y lo contrario, lo que nos falta por hacer, por realizar. Este 2026, inició con un bombazo mediático y político. El gobierno de los EEUU, desafiando todas las normas internacionales en la materia, la madrugada del 3 de enero irrumpió en el cielo caraqueño con un despliegue de fuerza militar y tecnológica, para en minutos, llegar al lugar donde pernoctaba Nicolás Maduro y su esposa, detenerlos y llevárselos consigo.
Una joya de precisión la operación. Las razones desde aquel primer instante, al momento de escribir esta reflexión, se han ido modificando. Hoy ya no se habla del mítico CARTEL DE LOS SOLES, que integraría el propio Maduro junto con Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y otras y otros cercanos a la cúpula del poder. La acusación hoy, está más enfocada en el tema de las drogas. Lo que vaya a suceder con Maduro, se sale de la ecuación en el análisis del futuro de Venezuela. Serán dos temas por separado.
Hay una clara sensación, de que el gobierno de Trump podrá obtener las ventajas que busca, teniendo fuera de la escena a Maduro. La Presidenta en funciones parece inclinada a pactar con Trump. Quizá no tenga otra opción. Es eso, o el avasallamiento por la fuerza. ¿Qué va a suceder con todos los chavistas? ¿Qué va a pasar con las relaciones de Venezuela con países como Cuba, Rusia, China, Irán o Nicaragua?
Es pronto para saberlo, sin embargo, ya hay presiones para desligarse de ellos como socios comerciales. El destino de Maduro preocupa a muchos grupos y personajes, particularmente de la izquierda, los populistas y dictadores afines a esta corriente política suelen ser bien tratados por sus seguidores. Siempre serán progresistas y liberales. Los de la derecha, tiranos y viñadores de derechos humanos (cuando menos) los dictadores lo son, independientemente del lado de la geometría política donde se ubiquen.
Nicolás Maduro ¡lo es! El número de presos políticos, los millones de venezolanos en el exilio, el robo descarado de procesos electorales, el miedo y la pobreza en el que ha sumido a una nación potencialmente rica. Maduro es un impresentable, al que algunos de los gobiernos de Latinoamérica le han dado la espalda. Terminará como otros, en el profundo olvido. Es una lástima, Maduro es un hombre que socialmente conecta con las personas. De pocas luces intelectuales, pero con reflejos políticos, dignos de mejores causas.
Esto es frecuente cuando los gobernantes se mudan a vivir en una esfera, donde solo se acepta la sumisión y alabanza incondicional como boleto de entrada. Los fanáticos de las teorías de la conspiración, ubican siempre a personajes como Michel Jackson, Elvis Presley, Pedro infante (¡cómo no!), en una isla, donde estos personajes que no mueren nunca, viven. Ahí, en un ficticio espacio como ese, vivirá Maduro. Ahí se encontrará con los Somoza, con Pinochet, con Gadafi y otros distinguidos miembros del basurero político de la historia.