Carranza, Bad Bunny y la soberanía

10 de Febrero de 2026

Rubén Moreira Valdez
Rubén Moreira Valdez
Exgobernador de Coahuila y diputado federal en cuatro ocasiones. Editorialista en El Heraldo de México, El Sol de México, La Prensa de Coahuila, Reporte Índigo, Quadratín, entre otros. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A. C., así como de la Academia Nacional de Historia y Geografía.

Carranza, Bad Bunny y la soberanía

Rubén Moreira Valdez

Rubén Moreira Valdez.

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EjeCentral

Cuatro Ciénegas se levanta en la puerta del desierto; más allá de su caserío, se extiende el inmenso territorio de los municipios de Ocampo y Sierra Mojada, Coahuila. El primero con una extensión mayor a la del Estado de México y una población que, en la actualidad, no supera las 15 mil personas. En esa región creció el que sería el primer jefe del Ejército Constitucionalista.

En 1913, Carranza se levantó en armas en contra del usurpador; era gobernador y tenía 54 años. Con una estatura de casi dos metros y una barba cana, parecía de mayor edad. En la región donde nació, el carácter se forjaba en la lucha contra “los bárbaros” y las inclemencias del clima. Los coahuilenses no le deben nada a nadie; eso sí, tienen varios agravios que recordar. Entre ellos, la pérdida de buena parte de su territorio por la acción de un alevoso vecino.

A diferencia de otros líderes del movimiento, tenía la certeza del rumbo que convenía a la nación. El Plan de Guadalupe y el discurso de Hermosillo delinean su visión para la construcción de un país más justo. Al triunfo de su bando, convocó a elecciones y después a un Congreso Constituyente. Dejó a los diputados discutir y votar con libertad. El contenido de los artículos 3, 27 y 123 era inevitable para detener la guerra. Esos y otros artículos eran la causa de los hombres y mujeres que se lanzaron a la vorágine de la lucha armada.

Mientras el país vivía su conflicto, el mundo se sumergía en uno de proporciones mayúsculas, y los vecinos del norte se preparaban para hacer cumplir lo que llaman su “destino manifiesto”, un mamotreto alucinante que se traduce en un supuesto e inevitable futuro en el cual ellos dominan el mundo. Con ese concepto, los güeros se quedaron a la mala con la mitad de México y un montón de tierras en todo el mundo; entre ellas, las que canta el popular Bad Bunny: Puerto Rico y Hawái.

Carranza enfrentó con una inusitada destreza las ambiciones del vecino y las vicisitudes de la Primera Guerra Mundial. Antes de la caída de Huerta, sorteó la ocupación de Veracruz; en su mandato, la expedición punitiva. Mantuvo a México como país neutral y evitó la tentación de ayudar a los alemanes. Su conocimiento del siglo XIX lo vacunó contra la candidez al momento de tener que lidiar con las potencias extranjeras.

Ante la prepotencia de algunas naciones que usan la fuerza para quedarse con lo que no es suyo y andar de metiches, propuso la doctrina que lleva su apellido y que se sintetiza en la igualdad de las naciones y el trato similar a extranjeros y nacionales. Esto significa no dar privilegios, en sus operaciones empresariales y comerciales dentro del país, a los piadosos inversionistas venidos de Norteamérica y Europa, acostumbrados a usar en los litigios los privilegios de su ciudadanía.

En consecuencia, a México no lo invitaron a la Sociedad de las Naciones —antecedente de la ONU—, y creo que a Carranza, que no tenía nada de ganas de ir a esa fiesta, le cayó de maravilla el desaire. Dos razones para lo anterior: 1.- Gringos y británicos estaban cagados por el artículo 27 y 2.- Carranza no aceptaba la doctrina Monroe (esa de América para los americanos), que se había incluido en el texto de la carta fundacional de la fallida Sociedad.

La perversa doctrina Monroe significa: en el patio trasero nadie se mete sin permiso, el gobierno gringo impone su ayuda, aun cuando nadie la pida, y agarra lo que quiera del país que dice “defender”.

Lástima que los de Morena no tengan el hábito de la lectura y por ello sean tan erráticos. Para empeorar la situación, tienen la Cancillería con una bola de improvisados y un presupuesto raquítico. Eso sin contar que Obrador dejó un tiradero en las relaciones internacionales y una doctrina llena de prejuicios que son custodiados por diputados, senadores y funcionarios formados por un monero trasnochado y un evasor de impuestos.