CEPAL (III)

19 de Enero de 2026

Enrique Del Val
Enrique Del Val

CEPAL (III)

enrique del val

En este último comentario sobre el documento de la CEPAL denominado “Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025”, nos referiremos al tema de la distribución del ingreso en nuestra región, comenzando por el dato que refleja la situación que vivimos: la desaceleración del crecimiento en casi todos los países. El factor clave ha sido el consumo privado que, como bien se apunta, ha perdido dinamismo, junto con las altas tasas de interés y, a pesar de todo lo que se dice, la pérdida o baja de confianza de los consumidores.

Menciona el texto que, a pesar de las mejoras registradas en la última década, la desigualdad de ingresos sigue siendo, en sus raíces, estructuralmente elevada y que, utilizando métodos más exhaustivos, se confirma que la concentración de ingresos es aún mayor de lo que sugieren las encuestas, sin que haya habido mejoras significativas en estos años pasados.

El reflejo de la desigualdad se nota cuando los datos arrojan que, para 16 países, el decil más rico concentra una participación en el ingreso total por arriba del 50% entre los años 2014-2023, y peor aún, que el 1% más rico de la población tiene una participación que supera el 18% para los mismos años considerados, mientras el 50% más pobre de la región apenas participa con el 10%.

Ahora bien, si se toman tan sólo las encuestas de hogares, se ha notado una leve mejoría a la baja según el índice de Gini entre 2014 y 2024, de 5.3%, pero si se usan fuentes complementarias de información y modelos más eficientes, la reducción sería apenas de 1.3%.

El documento hace un reconocimiento al esfuerzo de algunos países, como Costa Rica, Ecuador, Honduras y México, que han tenido mejoras distributivas. En el caso de nosotros, lo aducen fundamentalmente gracias al empleo y a la mejora del salario mínimo.

Cuando se utiliza exclusivamente la pobreza por ingresos, que como dice la CEPAL ha sido el método tradicional utilizado por la Comisión, vemos que el 25.5% de la población latinoamericana estaba en situación de pobreza por ingresos en 2024: estamos hablando de 162 millones de personas en pobreza y 62 millones más en pobreza extrema.

Y hay que hacer notar que las reducciones habidas en la pobreza se deben principalmente a los países México y Brasil, ya que ambos aportaron el 60% de la reducción, sin ellos, la reducción hubiera sido del 35%.

Hacen un cálculo de que, para el año pasado, debido a que el PIB per cápita de la región se incrementó tan solo en 1.4%, el efecto en la reducción de la pobreza es tan sólo de 0.4%, pero en el caso de la pobreza extrema no habría reducción.

Uno de los puntos fundamentales de este capítulo destinado a la distribución del ingreso se refiere a la necesidad de tener un enfoque multidimensional que permita una visión más amplia, ya que identifica carencias en temas fundamentales como salud, educación, vivienda, empleo y pensiones, que son la base de un verdadero bienestar, y que los países deberían utilizar este tipo de mediciones para reflejar con mayor precisión la situación.

La CEPAL ha sido pionera en este enfoque multidimensional y junto con otros órganos de la Organización de las Naciones Unidas, como el PNUD, elaboraron el año pasado un índice de pobreza multidimensional para América Latina, fijando como umbral el 33.3%, lo que implica que una persona es pobre si está privada de al menos 4 de los 12 indicadores incluidos en el índice, tres por cada rubro principal.

Ya 13 países, México entre ellos, han adoptado oficialmente un índice de pobreza multidimensional y son utilizados para el seguimiento de la meta de los ODS, de reducir para 2030 a la mitad a las personas que viven en situación de pobreza.

Creo que, por el lado de las mediciones, se ha avanzado, ahora toca avanzar más rápido en la eliminación de este flagelo que tanto ha dañado a nuestra región.