La disputa por la titularidad de la Auditoría Superior de la Federación dio un vuelco inesperado e importante con el retiro de quien era considerada candidata favorita: la fiscal anticorrupción, María de la Luz Mijangos, esposa del distinguido académico de izquierda Jaime Cárdenas Gracia, quien acabó distanciado de Andrés Manuel López Obrador cuando renunció a la titularidad del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado tras denunciar la corrupción que albergaba ese organismo emblema, hasta por el nombre, de la lucha del tabasqueño.
La salida de Mijangos de la contienda se da justo cuando cobraron más fuerza las versiones que apuntaban a una mujer auditora justo porque esa era la voluntad de la presidenta Claudia Sheinbaum. Quiénes han seguido el proceso aseguran que los palomeados en Palacio Nacional eran, además de Mijangos con doble visto bueno, eran Natalia Téllez, muy cercana a la secretaría anticorrupción Raquel Buenrostro, quien se ha encargado de promoverla de forma intensiva con Ricardo Monreal y otros diputados morenistas, y un tercero Juan José Serrano, al que nadie descartó justo por su cercanía, pero directamente con la presidenta Sheinbaum, de quien fue su contralor en la Ciudad de México durante seis años, pero a quien el tiempo de mujeres parecían no favorecerle.
El retiro inesperado de la puntera, Mijangos, sin una explicación que lo justifique y permite comprenderlo, ocurrió justo antes de que empezara a circular la versión de que retomaba fuerza la candidatura del actual contralor, David Colmenares, inscrito para buscar un segundo período a pesar de todos los señalamientos sobre deficiencias graves, cuando menos, en su gestión. En política no hay coincidencias y por eso, la especulación más fuerte ha señalado que Mijangos decidió retirarse y Colmenares tomó un segundo aire por la misma razón: una maniobra del ex presidente López Obrador, quien sabe para qué sirve la ASF y los riesgos que podrían correr sus intereses y los de sus cercanos, si la posición queda en manos de alguien fuera de su control. Su rompimiento con Jaime Cárdenas arrojaba sombras sobre la confiabilidad de María de la Luz Mijangos y por eso habría operado para forzarla a bajarse de la contienda. El problema es que la ASF no solo revisa cuentas de los cercanos al expresidente, audita el ejercicio del gasto de todo el gobierno, es decir, las cuentas de la gestión de la presidenta Sheinbaum y dejarla en manos de alguien con lealtades cruzadas parecería un suicidio político.
Aún si Mijangos decidió no enfrentarse al hombre que la hizo fiscal anticorrupción y luego rompíó con su marido, a Claudia Sheinbaum le quedaban dos cartas fuertes para la ASF: Téllez y Serrano, ambos técnicamente más que solventes para enfrentar y derrotar al desprestigiado Colmenares. Sin embargo Natalia Téllez tiene un problema legal que resulta insalvable: es inelegible para el cargo.
En la pasada elección judicial Mireya fue candidata a ministra de la Suprema Corte, apareció en el número 31 de la boleta electoral y fue votada por los ciudadanos aunque no ganara. La ley descarta como candidatos a la ASF a quienes hayan sido postulados a un cargo de elección popular un año antes de la designación. Tellez está en ese supuesto y por lo tanto es inelegible porque la reforma judicial volvió el de ministro un cargo de elección. Aunque los diputados no hayan advertido el impedimento en la primera revisión, la insuficiencia no puede ser subsanada para este proceso.
Las condiciones que se han dado, ya sea por una mano negra para apuntalar a Colmenares o porque Mijangos descubrió apenas que su vocación no es la ASF, han dejado a Juan José Serrano como el único candidato de confianza denla presidenta Sheinbaum y, por el camino que parecen haber tomado las cosas, la elección del próximo Auditor Superior de la Federación parece enfilada a convertirse en una pelea entre grupos morenistas, con el expresidente tratando de sostener a Colmenares sin importar su desprestigio, y la presidenta en funciones, que tenía tres candidatos palomeados pero al final se ha quedado solo con uno.
La Auditoría Superior de la Federación no es un fiscalizador de medio pelo ni es la CNDH. Es el órgano técnico del Poder Legislativo para revisar el ejercicio del gasto. Su función es tan importante, en presente y futuro, que el sentido común indica que la presidenta Sheinbaum no se puede dar el lujo de perder esta mano.