El reciente informe macroeconómico presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo ofrece una hoja de ruta detallada sobre el rumbo que tomará América Latina y el Caribe en los próximos meses. Con una proyección de crecimiento del 2,1% para este año, la región parece estabilizarse en sus niveles históricos de expansión.
Este escenario de resiliencia es el resultado de una gestión monetaria prudente que ha logrado mantener la inflación bajo control en la mayoría de las naciones, permitiendo que la confianza de los inversionistas se traduzca en costos de endeudamiento más competitivos en comparación con años anteriores.
Sin embargo, este crecimiento inercial no resulta suficiente para abatir las profundas brechas de desigualdad que aún persisten en nuestras sociedades. El documento, titulado Resiliencia y perspectivas de crecimiento en una economía global cambiante, subraya que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria pero no suficiente. Se requiere de un impulso renovado en las reformas estructurales que permitan a nuestros países competir con éxito en un entorno global cada vez más volátil y tecnificado.
Nuestra región posee una ventaja comparativa invaluable al albergar casi la mitad de los recursos mundiales de litio, el 35% de las reservas de cobre y más del 20% de las reservas de tierras raras. Los minerales críticos son el motor de la industria de vehículos eléctricos y de la infraestructura tecnológica global.
El incremento proyectado en la demanda de litio, que podría llegar al 800% para mediados de siglo, coloca a las naciones latinoamericanas en una posición de poder dentro de las cadenas de suministro internacionales. Aprovechar esta ventana de oportunidad exige reglas de juego claras, seguridad jurídica y una gobernanza que garantice que la riqueza del subsuelo se convierta en bienestar para la población.
No obstante, la abundancia de recursos naturales debe acompañarse de una infraestructura energética moderna y confiable. El informe advierte que no basta con poseer el mineral; es necesario contar con energía limpia y asequible para procesarlo localmente y añadir valor a las exportaciones.
En el terreno laboral, el panorama muestra signos de recuperación interesantes pero con matices importantes. Si bien el desempleo ha caído de manera generalizada y la participación de las mujeres en la economía formal ha crecido, la productividad se mantiene estancada. El bono demográfico de décadas pasadas se está agotando debido al envejecimiento de la población, lo que significa que el crecimiento ya no puede depender únicamente de tener más personas trabajando.
La clave ahora reside en que cada trabajador sea más eficiente y cuente con mejores herramientas. La inteligencia artificial se presenta como el gran catalizador de este cambio de paradigma. Hacia mediados de 2025, las vacantes laborales que exigen conocimientos en esta tecnología alcanzaron el 7% del total de ofertas en la región. Esto demuestra que el mercado laboral ya está evolucionando hacia la automatización y el análisis de datos.
Los gobiernos y el sector privado deben colaborar estrechamente para masificar la formación digital, asegurando que la transición hacia ocupaciones de mayor valor agregado sea inclusiva y no deje a nadie atrás.
Por otro lado, la salud de las finanzas públicas sigue siendo un tema de preocupación central. Con una deuda pública promedio del 59% del PIB y pagos de intereses al alza, el espacio para la inversión social se reduce. El BID sugiere que la digitalización puede jugar un rol fundamental no solo en la productividad, sino también en la eficiencia gubernamental.
El uso de tecnologías avanzadas para mejorar la fiscalización y el cumplimiento tributario podría elevar la recaudación sin necesidad de aumentar las tasas impositivas, aliviando así la presión sobre los presupuestos nacionales.
Si bien la inflación ha retornado en gran medida a su objetivo en buena parte de la región, las tasas de interés globales más altas, las expectativas cambiantes, y el uso creciente de activos digitales y en moneda extranjera están reconfigurando el panorama de la política monetaria. El informe enfatiza la importancia de alcanzar una postura monetaria neutral –que no estimule ni restrinja la actividad económica–, al tiempo que se desarrollan herramientas flexibles para absorber los choques externos.
Finalmente, el informe concluye que la integración regional es el camino para construir economías más sofisticadas. Al desarrollar cadenas de valor compartidas y fomentar una competencia sana, América Latina y el Caribe pueden dejar de ser simples exportadores de materias primas, para convertirse en centros de innovación y manufactura avanzada.
El reto de 2026 será convertir esta estabilidad macroeconómica en una plataforma de lanzamiento para un desarrollo humano integral y sostenible, donde la cooperación transfronteriza sea el motor que impulse la competitividad colectiva frente a los bloques económicos más grandes del mundo.
*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt