Durante el sexenio anterior, bajo el liderazgo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, al hablar de Morena se pensaba en una fuerza que, a pesar de estar formada por diversas facciones y partidos satélite, se desenvolvió de forma coordinada y unificada, lo cual era esperado al estar bajo el liderazgo de su fundador. Sin embargo, en lo que va de la administración actual, el comportamiento del partido en el poder ha sido distinto.
Si bien Morena tiene el control de la gran mayoría de posiciones de poder en los distintos niveles de gobierno y poderes que forman parte del Estado mexicano, es evidente que los partidos aliados de Morena y las facciones que forman parte del partido actúan cada vez más con menor centralidad en cuanto a la dirección y toma de decisiones.
Esto puede deberse a un reacomodo de pesos y contrapesos entre los distintos actores que forman parte de los tomadores de decisiones al interior del grupo en el poder, tras la decisión del expresidente de retirarse de la vida pública, situación en la que algunos actores políticos han buscado estirar la liga del reconocimiento al poder tradicional, donde normalmente en México, quien ocupa el cargo presidencial tiene un halo de autoridad que cae en cascada hacia todos los integrantes de su fuerza partidista.
Desde el punto de vista de reconocimiento al poder tradicional, lo natural sería que todos los integrantes de Morena, sus partidos aliados y simpatizantes en posiciones de poder respondieran de forma coordinada y disciplinada a las decisiones de la presidenta Claudia Sheinbaum; sin embargo, la reciente negativa al cambio en la fecha de la revocación de mandato durante el análisis del Plan B de la reforma electoral, confirma la separación e independencia entre los distintos grupos que forman al bloque en el poder, abriendo varias líneas de desarrollo posibles para Morena.
Por un lado, queda clara la intención de la presidenta de ampliar su influencia en su fuerza partidista y entre sus aliados, lo cual se había visto con ejemplos como la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República o la reciente salida de Juan Ramón de la Fuente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y también se podía percibir con parte de lo que habría sucedido no solo con el Plan B, sino con el global de la reforma electoral, con lo cual el PT e incluso el PVEM, pudiesen haberse visto disminuidos.
Pero ¿qué significa esto? Por un lado, el PT dejó claro con hechos su negativa a actuar sin cuestionamientos y también dejó el precedente de que, a pesar de ser una fuerza que puede ser considerada menor, es suficiente en momentos cruciales. Por otra parte, abre la conversación en torno a los acuerdos que pudiera haber hecho el PVEM para aceptar intentar la aprobación de la reforma electoral.
En el terreno de las hipótesis políticas, se abre la posibilidad de que en el futuro cercano el PT abra una vía de competencia a Saúl Monreal, en Zacatecas, ante las negativas de Morena a que compitan familiares de quienes actualmente se encuentran en posiciones de poder, y en el caso del PVEM, quizá pudieran haber llegado a alguna negociación política para San Luis Potosí.
Por otro lado, la insistencia del Ejecutivo en impulsar la reforma electoral y su posterior desencanto al no lograr lo buscado, hace cuestionar si era necesario arriesgarse a mostrar un grupo desorganizado, cuando su objetivo como organismo político es mantener el dominio de las posiciones que ya controla con miras a 2027. En ese sentido, es comprensible cuestionar si los constantes desacuerdos entre los aliados y facciones de Morena representan un riesgo para esta fuerza política en un contexto donde los partidos considerados de oposición como el PRI, PAN y MC no dan muestra de lograr capitalizar de forma significativa los traspiés de la fuerza en el poder.
Más allá de los escenarios posibles, lo que ya es evidente es que Morena ha dejado de comportarse como un bloque unificado, y que estamos presenciando esa transición de movimiento político disciplinado a una posible coalición de intereses que podría marcar su rumbo a las elecciones intermedias. ¿Cuál será su ruta definitiva? Al tiempo lo sabremos.