Aún tengo muy claro cómo en las escuelas, en la casa y en la sociedad mexicana en general, dominaba la idea de que los animales no son inteligentes y que solamente reaccionan por instinto. Como siempre he apreciado a los animales de compañía, esta afirmación me conflictuaba desde niño: ¿cómo es posible que no entiendan cuando claramente me estoy comunicando con ellos?
Con los recientes cambios de percepción, e incluso de legislación, y con instrumentos como la Ley de Protección y Bienestar de los Animales de la Ciudad de México que entró en vigor desde 2024, entiendo por qué, para personas de mayor edad y otras generaciones, todavía es difícil sacudirse estas falsas nociones de que los animales no piensan, no sienten y no importan. Ahí tenemos el caso de Pedro Sola, el comunicador de 79 años.
Es por esto que menciono a las escuelas, porque ahí es donde empieza todo lo relativo a nuestra educación formal. En México, los animales aún no cuentan con derechos absolutos, y mientras no nos acostumbremos a enseñar el respeto a los animales desde las instituciones, seguirá el especismo y esa idea de que solamente existen para satisfacer nuestras necesidades, como alimentarnos y entretenernos.
Hablando de entretenimiento, el cine, como un medio que todavía influye en la opinión y hasta en la formación de valores de un público masivo, parece que se ha montado en una campaña a favor de los derechos de los animales de compañía. Películas como Supergirl, La Odisea y el próximo estreno de El corazón de la bestia con Brad Pitt, le hablan a un público más adulto para mostrar a los perros con el mismo nivel de protagonismo y de importancia que los humanos.
No es que Hollywood no haya mostrado antes a los animales como protagonistas de sus propias historias o acompañantes de los humanos, pero esta industria también carga con una responsabilidad histórica al generar una percepción distorsionada, donde los animales siempre tienen que servir como entretenimiento y por ello se les exige exceder sus habilidades naturales (lo vemos en películas animadas). Las redes sociales ahora comparten esta responsabilidad con Hollywood, pues abundan los videos de animales excepcionales que solamente generan falsas expectativas sobre lo que un animal de compañía puede (o debe) hacer.
En Estados Unidos, las leyes a favor de los derechos animales van más avanzadas que en México. Además de legislar en el contexto agrícola y ganadero desde el siglo XIX, introdujeron leyes de protección animal en 1966, y uno de los avances más recientes sucedió en 2019 con la Ley para la Prevención de la Crueldad y la Tortura Animal (PACT) que, como su nombre lo indica, los protege de actos maliciosos de crueldad animal.
En México, además de la Ley General de Vida Silvestre de 2000, y la Ley de Protección y Bienestar de los Animales de 2024, apenas en abril de 2026 se aprobó una reforma a la Ley General de Educación, con el objetivo de incorporar el bienestar animal como parte de la educación ambiental en los programas de estudio del Sistema Educativo Nacional. Aunque es una medida reiterativa, pues el tema ya estaba contemplado por la ley, ayudaría a volver obligatoria en las escuelas la sensibilización sobre el maltrato animal, otro avance hacia el reconocimiento de los derechos animales.