Trevilla y la confianza institucional

18 de Septiembre de 2026

Trevilla y la confianza institucional

jose luis camacho

Hay discursos que cumplen un protocolo y hay discursos que, sin salirse del protocolo, logran decir algo. El que pronunció el General Ricardo Trevilla Trejo, Secretario de la Defensa Nacional, en el 216 aniversario de la Independencia pertenece a la segunda categoría: no fue solo la fórmula esperada de un titular de la Defensa Nacional ante el desfile cívico militar, sino un ejercicio de comunicación institucional bien calibrado, que merece reconocerse por su claridad, su sentido histórico y su tono.

Lo primero que llama la atención es la elección de la idea central. En lugar de construir su intervención sobre la fuerza material del Ejército, el General Trevilla eligió hablar de la gente. Sostuvo que la verdadera fortaleza de la nación está en su pueblo tanto como en sus fuerzas armadas, y en el valor, la entrega y el espíritu de unidad que distinguen a los mexicanos. Es una manera inteligente de situar a la institución castrense: no por encima de la sociedad, sino como parte de ella, hecha del mismo tejido. Ese gesto de humildad institucional, viniendo de quien encabeza la fuerza armada más grande del país, tiene mérito.

Igual de valioso es el reconocimiento explícito de la confianza ciudadana como el verdadero cimiento del vínculo entre pueblo y Ejército. El General Trevilla no la dio por sentada: la nombró, la situó en la historia y la conectó con el presente, subrayando que esa confianza sigue vigente para enfrentar, bajo la conducción de la presidenta como comandanta suprema, los retos que se le presenten al Estado mexicano. Ese encuadre —la subordinación explícita a la conducción civil— es exactamente el tipo de mensaje que una democracia espera escuchar de sus mandos militares, y decirlo con esa nitidez, en un foro tan visible, tiene un valor cívico que trasciende lo protocolario.

Hay también una sensibilidad narrativa poco común en este tipo de discursos. El General se detuvo en la presencia de niñas y niños en el desfile y en su emoción genuina, y la enlazó con el sentir de sus soldados, para reconstruir la idea de que se trata del mismo pueblo que, alguna vez, encontró en la unidad la fuerza para forjar una nación republicana, libre y soberana. No es un dato menor: hablar del desfile desde la mirada de un niño es una forma de recordar que las instituciones no existen para sí mismas, sino para las generaciones que heredarán lo que se construya hoy.

La cita que rescató del discurso de Vicente Riva Palacio de 1871 refuerza ese mismo espíritu. Apelar a esa oratoria decimonónica —el orgullo de llamarse mexicano, la nación que es grande porque es republicana y libre porque merece serlo— no fue un adorno retórico gratuito, sino una manera de anclar el mensaje del presente en una tradición patriótica de más de siglo y medio, mostrando que el General entiende su función también como custodio de una memoria colectiva.

En conjunto, se trata de un discurso medido, consciente de su momento histórico y respetuoso del orden institucional que debe regir la relación entre las fuerzas armadas y el poder civil. En un aniversario que invita fácilmente a la solemnidad, el General Trevilla logró algo más difícil: un mensaje que combina firmeza institucional con calidez humana, y que deja una imagen de un mando militar consciente de que su fortaleza real no se mide en el desfile, sino en la confianza que es capaz de sostener todos los días.

@jlcamachov