Elon Musk puede mandar cohetes al espacio, pero no pudo poner a todos sus candidatos en órbita. Según AFP, destinó cerca de 500 millones de dólares a esfuerzos republicanos. Una de sus grandes apuestas, Ken Paxton, perdió frente a James Talarico en Texas. El dinero compra anuncios, presencia y millones de impactos. La confianza necesita algo más que una transferencia bancaria.
Las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 dejaron derrotas, sorpresas y una colección de primeras veces. Los demócratas recuperaron el control del Congreso y rompieron barreras que parecían parte del paisaje político.
Abdul El-Sayed se convirtió en el primer musulmán elegido al Senado federal. El ganador en Michigan es médico, epidemiólogo y fue director de Salud de Detroit. Ya había musulmanes en la Cámara de Representantes; la novedad está en el Senado. Keisha Lance Bottoms, ganadora en Georgia, será la primera mujer afroamericana elegida gobernadora de un estado estadounidense. Byron Donalds, republicano, y David Crowley, demócrata, serán los primeros gobernadores afroamericanos de Florida y Wisconsin, respectivamente.
Deb Haaland ganó en Nuevo México y será la primera mujer indígena elegida gobernadora de un estado estadounidense. Pertenece al pueblo Laguna Pueblo y ya había sido la primera persona indígena en dirigir una secretaría del gabinete presidencial, al frente del Interior con Biden.
Su historia merece algo más que una etiqueta: fue madre soltera, recibió ayuda alimentaria y tuvo un pequeño negocio de salsas mientras criaba a su hija. Terminó la licenciatura a los 34 años y después estudió Derecho, según su biografía de campaña. Antes de administrar tierras federales, tuvo que resolver cómo poner comida en su propia mesa.
Peggy Flanagan será la primera mujer indígena en el Senado y Chris Pappas, el primer hombre abiertamente gay en ocupar un escaño en esa Cámara. También llegó una generación que suele aparecer más en los estudios de mercado que en las decisiones: Melat Kiros, de 29 años, será la primera mujer de la generación Z en el Congreso. La abogada nacida en Etiopía ganó en Colorado después de derrotar en las primarias a Diana DeGette, quien llevaba 15 mandatos.
En cuatro estados —Minnesota, New Hampshire, Oregón y Tennessee—, las contiendas a gobernador enfrentaron exclusivamente a mujeres, igualando el récord de 2022. No son distinciones intercambiables: unas barreras se rompieron en todo el país; otras, dentro de un estado.
También hubo acento mexicano. Xavier Becerra será el primer latino elegido por voto popular gobernador de California. Hay un asterisco histórico: Romualdo Pacheco ya gobernó en 1875, pero llegó por sucesión.
Texas, que durante décadas parecía territorio seguro para los republicanos, les dio la espalda: por primera vez en más de tres décadas, una demócrata ganó la gubernatura. Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott, frenó su cuarto mandato y será la primera gobernadora latina de Texas. James Talarico, por su parte, venció a Ken Paxton y se convirtió en el primer demócrata en ganar una elección al Senado federal por Texas desde 1988. Dos golpes en un estado que los republicanos parecían considerar patrimonio político.
Y el sur de Texas también cambió de canción. Bobby Pulido ganó para los demócratas el Distrito 15 de la Cámara de Representantes al derrotar a la republicana Mónica de la Cruz. El cantante tejano llegará por primera vez a un cargo de elección popular y recuperó para su partido un escaño que había perdido en 2022.
Hay una anécdota reveladora: después de que su rival usó las quinceañeras para cuestionar su candidatura, Pulido convirtió esas fiestas en espacios de campaña. Mientras otros buscaban llegar al teléfono del elector, él lo encontraba en la celebración familiar. La fama no demuestra capacidad para legislar; ahora tendrá que convertir esa cercanía en resultados.
¿Y los latinos? Volvieron a demostrar que no vienen incluidos en el paquete de ningún partido. La encuesta de salida de NBC News estimó que el 64% apoyó a Talarico. Es un dato preliminar, no un acta electoral por apellido. Tampoco significa que todos los votantes de Trump se hayan arrepentido: cambian las preferencias, pero también quién participa.
Florida contó otra historia. Donalds ganó y los republicanos conservaron la gubernatura. Hablar de «los latinos» como una sola voluntad sigue siendo una cómoda simplificación. María Elvira Salazar conservó su escaño frente a Eliott Rodriguez, pero enfrentó la reelección más cerrada de su carrera. Hubo desgaste sin que toda Florida cambiara de partido.
La migración atravesó estas elecciones. En 2024, bajo Biden, el 80% de los estadounidenses consideraba mala la gestión gubernamental de la situación fronteriza, según Pew. Ahora, en su encuesta de septiembre y octubre de 2026, el 62% de los votantes latinos consideraba que Trump había ido demasiado lejos con las deportaciones. Son preguntas y poblaciones distintas, pero ilustran dos descontentos: con una gestión percibida como insuficiente y con una respuesta percibida como desmedida.
El voto latino cuenta y los latinos también. Una cosa es pedir fronteras seguras y otra aceptar la crueldad con la que ICE ha tratado a nuestra comunidad. A mi juicio, esa actuación merece una condena clara: la dignidad humana no puede quedar a discreción de una política migratoria.
Y aquí sí tomo postura: como latina, me alegra que ese descontento haya encontrado una voz en las urnas. Me alegra que las familias preocupadas por el trato a su comunidad hayan podido exigir cuentas con su voto. No podemos atribuir todo el resultado a ICE, pero tampoco ignorar ese rechazo. Ninguna victoria electoral autoriza a un gobierno a tratar a una comunidad como sospechosa por su origen o su acento.
La contradicción también se construye con ladrillos. Los inmigrantes representaban el 39% de la fuerza laboral de construcción en Texas y el 40.6% en Florida, según un análisis de NAHB con datos de 2024. No todos son mexicanos ni todos carecen de documentos. La asociación advierte que los operativos agravan una escasez previa y que incluso trabajadores autorizados faltan por miedo. Una encuesta de AGC encontró impactos migratorios directos o indirectos en el 29% de las empresas participantes.
Si faltan manos, se retrasan obras y construir puede encarecerse. Los aranceles añaden presión: casi dos tercios de los votantes consideraban que habían perjudicado la economía, según la encuesta electoral de AP citada por The Wall Street Journal.
Ahí se encuentran las emociones y la economía real. El miedo tiene un rostro; el enojo, un recibo; la decepción, una promesa incumplida. No podemos atribuir cada voto a ICE, a los aranceles o a un anuncio. Pero tampoco reducir la elección a una competencia de presupuestos y algoritmos.
Trump respondió que los republicanos habrían arrasado si él hubiera estado en la boleta. Durante la campaña había pedido votar como si su nombre apareciera. Después de la derrota, su ausencia se convirtió en explicación. Su nombre no estaba impreso, pero su gobierno sí estaba bajo evaluación.
¿Se acaba la era Trump? Sería precipitado decretarlo. Su mandato termina en enero de 2029 y conserva poder y una base leal. Pero perder el control del Congreso limita su margen de maniobra. Quizá no presenciamos el final de su era, pero sí un límite de su influencia: movilizar millones ya no garantiza victorias.
Wisconsin también puso un límite a la chequera: una semana antes de votar, candidatos y grupos republicanos acumulaban unos 117.5 millones de dólares de gasto, frente a 48.7 millones del lado demócrata, según WisPolitics. Ganó Crowley. El dinero importa, pero ni siquiera gastar mucho más vuelve inevitable una victoria.
Quizá sea momento de otra política, más comprometida con mejorar experiencias. Las redes amplifican, la inteligencia artificial produce mensajes y los millonarios financian campañas. Ninguno garantiza que el ciudadano se sienta escuchado. Esta vez, una parte de la comunidad latina hizo sonar su descontento. Y sí: hay motivos para celebrar que quienes tantas veces son tema de campaña también puedan exigir cuentas en las urnas.
El péndulo electoral también puede ser una advertencia para los vencedores. Ganar por el descontento ajeno no significa haber conquistado una lealtad permanente. El voto se presta; la confianza se trabaja.