Doctrina Trumproe

8 de Enero de 2026

Juan Pablo Beltrán
Juan Pablo Beltrán

Doctrina Trumproe

Juan Pablo Beltrán-

La caída de Nicolás Maduro marca un punto de quiebre para América Latina y para el orden internacional. Es imposible no sentir alivio cuando cae un narcodictador que convirtió a Venezuela en un Estado de miedo, represión y miseria. El pueblo venezolano ha cargado durante años con el costo humano del chavismo: persecución política, presos, exilio forzado, hambre y una diáspora que desangró a toda la región. Esa herida no es abstracta: son millones de historias rotas por un régimen criminal.

Pero Venezuela ya había hablado antes. En 2024, el pueblo venezolano votó y defendió su decisión con actas, boletas y testigos. Edmundo González y María Corina Machado fueron elegidos por la ciudadanía y lo demostraron con evidencia en mano. Aun así, el fraude fue solapado. Muchos gobiernos (incluido el mexicano y su presidenta) eligieron la comodidad del silencio, la neutralidad disfrazada de prudencia y el dogma vacío de la “no intervención”. Ese fue el gran fracaso democrático de la región: abandonar al pueblo venezolano cuando aún era posible defender su soberanía por la vía del voto.

Ese abandono abrió el vacío. Y los vacíos de poder nunca quedan vacíos mucho tiempo.

Lo que ocurrió después no fue una victoria del derecho internacional, sino una operación militar estadounidense que capturó a Maduro y lo trasladó a Nueva York. Un acto que Trump justificó en nombre de la seguridad, el combate al narcotráfico y sin demasiado pudor los intereses estratégicos de Estados Unidos. La caída del dictador vino acompañada de una señal clara: Washington puede entrar, sacar al jefe y redibujar el tablero.

Aquí aparece una ironía brutal que desnuda al chavismo en toda su miseria histórica: los herederos de Hugo Chávez, que se juraban antiimperialistas y antiyanquis, terminaron exactamente donde decían nunca estar. Hoy son ellos quienes tienen el yugo sobre la nuca. Hoy son ellos los que caen bajo la fuerza directa de Washington. El “imperio” que denunciaban se convirtió en su verdugo, y el discurso revolucionario quedó reducido a cenizas. El chavismo no derrotó al imperialismo; terminó arrodillado ante él, dejando al país más débil, más dependiente y más expuesto que nunca.

Este episodio no solo trata de Venezuela. Marca también una nueva división geopolítica del poder global. Estados Unidos interviene de manera abierta en un territorio donde Rusia y China habían construido influencia política, militar y económica. Moscú y Pekín reaccionaron denunciando la violación a la soberanía venezolana, no por amor a la democracia, sino porque entienden que el mensaje es más amplio: Estados Unidos está dispuesto a recuperar control hemisférico por la vía dura. El mundo vuelve a organizarse en bloques, y América Latina vuelve a ser terreno de disputa.

La llamada Doctrina Trumproe no es multilateralismo, ni cooperación internacional, ni defensa desinteresada de los derechos humanos. Es una política de poder desnudo: fuerza primero, recursos después. Petróleo, influencia, control estratégico. La libertad se usa como narrativa; el interés geopolítico como motor real.

Que Maduro esté fuera es una buena noticia para quienes sufrieron su régimen criminal. No hay equidistancia moral posible frente a un narcodictador. Pero celebrar sin pensar el método es peligroso. La legalidad internacional no existe para proteger a los tiranos, sino para impedir que el mundo funcione bajo la ley del más fuerte. Cuando esa barrera se rompe “por una buena causa”, se rompe para todos.

Y aquí está la lección incómoda que nadie quiere asumir: si los países que se dicen democráticos hubieran defendido con firmeza la voluntad popular venezolana cuando aún era tiempo, hoy no estaríamos discutiendo una intervención militar. El mundo falló primero. Trump llegó después.

Mi solidaridad es con el pueblo de Venezuela: con quienes resistieron, con quienes votaron, con quienes guardaron actas, con quienes fueron perseguidos, con quienes tuvieron que huir. Ellos no necesitaban un salvador extranjero; necesitaban que se respetara su decisión soberana.

La Doctrina Trumproe no debe convertirse en modelo. Debe leerse como advertencia. Porque cuando la democracia se abandona por cálculo político, el espacio lo ocupa la fuerza. Y cuando la fuerza manda, los pueblos siempre pagan el precio.