En la semana que termina, en medio de noticias de abatidos, conflictos internacionales, reformas electorales y Shakira, se dieron dos acontecimientos en materia laboral, uno en la Cámara de Diputados y otro en voz de la titular del Ejecutivo federal.
La variedad de los sucesos y la intensidad de las redes sociales ocultaron las dos noticias, no obstante que son significativas para la vida de millones de mexicanos. En teoría, el tema de la disminución de la jornada laboral debió estar en la mesa de todos los comederos políticos, las asociaciones empresariales y las familias. De ser ciertas las ventajas que se presumen, en otros tiempos los grandes sindicatos tendrían llenas las plazas y no faltarían las menciones a la revolución.
En términos reales, es una reforma mediocre, que engaña y deja a pocos contentos. Ni los obreros tendrán una mejor vida ni muchos empresarios, sobre todo pequeños, van a recibir la solidaridad del Estado para enfrentar el reto de la nueva jornada laboral. Solo los grandes oligarcas tienen algo que festejar. Con la hipócrita reforma se quitan presiones futuras relacionadas con las horas y días de trabajo. Además, ganan la posibilidad de tener a los trabajadores en más horas extras; eso ayuda para no contratar a más empleados y reducir costos. Hay que recordar que las horas extras, 12 a partir de la reforma, equivalen a un día y medio de trabajo y sobre ellas no se pagan aguinaldos o primas vacacionales.
El otro acontecimiento en la materia lo protagonizó la presidenta de la República cuando, con motivo del salario mínimo profesional, y a pregunta de un reportero, contestó: “Estamos en eso, ya lo vamos a presentar, es un tema de recursos, porque de un año a otro tiene un impacto en los recursos públicos, entonces tenemos que mandarlo hacer de manera paulatina”.
El contexto es el siguiente: un buen día el expresidente López Obrador, para ser exacto el cinco de febrero de 2024, salió a prometer lo que llamó “salario mínimo profesional”, para enfermeras, médicos, soldados, marinos, guardias nacionales, policías y maestros. Eran las semanas previas al inicio de la campaña electoral y la candidata opositora crecía y generaba expectativa. El tabasqueño no pensaba correr riesgos y se comprometió a subir salarios a un buen número de trabajadores. Seguro recordó aquella sobada frase que dice: “Prometer no empobrece”.
La promesa se convirtió en iniciativa, que fue votada entre vítores en el legislativo federal y los locales. Sin embargo, cuando faltaba un mínimo acto de carácter administrativo, el proceso se detuvo en el Senado. Gerardo Fernández Noroña y Laura Itzel Castillo, dos bravos miembros de la izquierda morenista, la metieron al cajón y, con ello, congelaron la reforma laboral.
Como se imagina, los líderes obreros del país han mantenido un nada solidario silencio. No hay dinero, eso se dice en los pasillos del poder.
Por lo pronto, en las nóminas que se hallaron tras la muerte de un famoso capo, se aprecian pagos del crimen a las policías de Jalisco. Los montos reflejan las malas condiciones salariales de los policías y cómo es fácil capturarlos con miserables sobornos.