Echaron Pemex por la ventana

12 de Marzo de 2026

Echaron Pemex por la ventana

Pablo Reinah columnista

Una noche de marzo de 2026, Villahermosa se iluminó como si fuera Nueva York. La quinceañera Mafer, María Fernanda Guerrero, bailó al ritmo de J Balvin, Belinda y Xavi, con Galilea Montijo como maestra de ceremonias. Videos virales mostraron un derroche: escenarios monumentales, vestidos de diseñador y un presupuesto estimado en 40 a 45 millones de pesos. Lo que empezó como una fiesta de adolescente se convirtió en escándalo nacional. ¿Por qué? Porque detrás está Juan Carlos Guerrero Rojas, padre de Mafer y contratista de Pemex, por 104 millones de dólares solo en 2023 para exploración y perforación.

No es solo chisme de redes. Reportes de medios de comunicación serios confirman los detalles: la celebración del 7 de marzo en Tabasco incluyó a Matute y un montaje inspirado en la Gran Manzana. Guerrero Rojas, dueño de Petroservicios Integrales México, ha sido ligado a investigaciones de “La Estafa Maestra” en 2019, según demandas de Pemex. Mientras, la petrolera estatal arrastra una deuda de 84.5 mil millones de dólares al cierre de 2025, la más baja en 11 años tras una reducción de 20 mil millones desde 2018, según informes oficiales de Pemex. Aun así, es una de las empresas más endeudadas del mundo, con planes de invertir 425 mil millones de pesos en 2026 para estabilizarse.

Pero vayamos más allá de los números fríos. Esta fiesta no es un capricho inocente; es una cubetada de realidad helada sobre el México real. Pemex, pilar de la economía nacional, ha perdido miles de millones en subsidios y corrupción histórica, mientras millones de mexicanos luchan con la pobreza. En Tabasco, donde el 45% de la población vive en precariedad según datos del Coneval de 2024, un evento así parece un insulto. ¿Cómo justificar tal ostentación cuando contratistas como Guerrero Rojas se enriquecen con fondos públicos? Es como tirar dinero por la ventana –o por la de Pemex– mientras el actual gobierno pide austeridad.

Para Mafer, una joven estudiante de secundaria, esto revela una desubicación profunda. A sus 15 años, debería celebrar con amigos y familia, no en un espectáculo que la expone al escrutinio público. La viralidad la convirtió en meme, pero también en símbolo de desconexión generacional. ¿Qué mensaje recibe? Que el lujo extremo es normal, ignorando la brecha social que divide a México.

Al final, esta historia nos obliga a reflexionar: en un país donde la desigualdad devora sueños, ¿permitiremos que el petróleo siga financiando excesos privados? Es hora de exigir transparencia en contratos y un Pemex que sirva a los mexicanos, no a unos pocos. Solo así, las fiestas serán de todos, no solo de los que ven a México como su patio particular.