Es de sobra entendido que no todos exprimimos el limón de una educación adecuada de la misma manera. Así, es común escuchar a personas de alto desarrollo financiero -que no intelectual- hablar con barbarismos del calibre del fuistes, vistes o dijistes, que son paragoges o metaplasmos por adición -deformaciones del lenguaje, pues- casi lo mismo que usar sin diferencia coche, carro y automóvil.
Mientras sorteo el tortuoso tráfico para subir al remojado reino de Cuajinarnia pienso cómo enredamos el nombre de una caja metálica con llantas que escencialmente nos lleva de un lado a otro. En México, el nombre de tu vehículo es una declaración de clase, mapa geográfico y hasta acta de nacimiento en toda forma.
Si tú, cuajinauta querido, quieres hacer frente0 a los impensables caminos del lenguaje automotriz mexicano, ya sea en una elegante cena o al ser detenido por una patrulla, debes saber la forma correcta para usar los términos -a veces socialmente peligrosos-.
El humilde y fronterizo carro.
Si dices “que buen carro”, la Real Academia Española -esa señora que vive a miles de kilómetros y se encarga de velar por el bien del lenguaje español- va a llorar. Para la RAE, un carro es una plataforma de madera jalada por bueyes. Un término democrático, lo usa el que maneja un subcompacto descontinuado y tuneado como monoplaza de la F1 y también el que tiene una berlina nueva. Es natural, es norteño, chilango, de todos. Decir carro aunque mal empleado el término, es admitir que tu vehículo es para usarlo, no para presumirlo.
El refinado -y a veces insufrible- coche.
Ah, pero si quieres subir en la escala social imaginaria de la CDMX estás obligado a decir coche. Suena a que tu no lo lavas, lo mandas a lavar. Curiosamente, coche también viene de un vehículo traccionado por caballos -los carruajes de la villa húngara de Kocs-, pero a éste la aristocracia mexicana sí le dio el palomazo. Si tu familia es del Bajío hacia el norte, decir coche los hará sonar inmediatamente como un chilango nativo de Santa Fe. Si quieres sonar formal en una junta de negocios, date. Pero asume el riesgo de que tus amigos de la infancia se pregunten si ya se te olvidó de dónde vienes.
El clínico y sospechoso automóvil
Nadie en su sano juicio, atracándose un tlacoyo de haba, dice: "¿Te gusta mi automóvil?”. Si usas esa palabra o, peor aún, unidad automotora, la gente puede pensar que trabajas para una aseguradora, o eres un judicial de Tehuacán, o eres editor del Diario Oficial de la Federación. En la vida real, guarda esta palabra para entender cuando el ajustador te explique por qué no pagarán el golpe.
Así, recuerda las reglas no escritas: se compra un carro, se presume un coche y se paga la tenencia de un automóvil, de otra forma darás por bueno el fuistes, vistes y dijistes.