La figura de los diputados de representación proporcional (plurinominales) se introdujo en la reforma de 1977, incorporando originalmente 100 escaños para dotar de pluralidad al Congreso y abrir espacios a la disidencia frente al partido hegemónico. En sus inicios, estas curules estaban reservadas a partidos que no fueran mayoría, permitiendo el ingreso de figuras de izquierda como Pablo Gómez (quien hoy impulsa su extinción).
Para 1986, en un proceso de apertura controlada, la cifra aumentó a los actuales 200 escaños, permitiendo también al partido mayoritario acceder a ellos para reforzar su gobernabilidad. Dos puntos son esenciales en este debate:
- La paradoja política: del Gobierno a la oposición. A casi 50 años de su creación, los plurinominales centran una disputa cíclica. Históricamente, el partido en el poder (PRI, PAN y ahora Morena) busca eliminarlos bajo la premisa de austeridad y agilidad legislativa, argumentando ahorro presupuestal y celeridad en la toma de decisiones. En contraste, cuando esos mismos partidos pasan a ser oposición, defienden la figura como baluarte democrático y freno a la hegemonía. Actualmente, la reforma de la presidenta Claudia Sheinbaum plantea su eliminación definitiva. Mientras el oficialismo sostiene que esto no vulnera derechos, la oposición alerta sobre un retroceso que silenciaría a las minorías.
Esta tensión se manifiesta en distintas etapas. Con el siglo XXI, el Congreso reflejó mayor diversidad. En 2006, durante el panismo, el PAN fue primera fuerza con 206 diputados (70 plurinominales). En aquel entonces, el PRD de Andrés Manuel López Obrador contaba con 36 plurinominales que, sumados a sus 89 de mayoría relativa, conformaban un bloque opositor sólido. Durante este periodo, el PAN propuso reducir la lista a 160 e incluso, eliminarlos del Senado en 2012.
Posteriormente, con el regreso del PRI bajo Enrique Peña Nieto y el Pacto por México, el partido obtuvo 165 diputados de mayoría y 49 plurinominales. La gobernabilidad se logró mediante este acuerdo donde la suma de PRI, PAN y PRD superaba los 400 legisladores, de los cuales 153 eran plurinominales. Morena, en sus inicios, logró 12 curules, la mitad por la vía proporcional. En 2017, el PRI intentó sin éxito reducir los plurinominales a 100 y eliminar senadores de lista nacional. El triunfo del obradorismo reconfiguró el mapa: Morena finalizó la legislatura con 252 diputados (91 plurinominales), consolidando su mayoría con aliados. Paralelamente, PRI y PAN redujeron su presencia, y el PRD quedó al borde de la desaparición con solo 12 diputaciones.
- Mecanismo de elección y refugio político. Técnicamente, el ciudadano vota por estas listas de manera indirecta; los escaños se asignan según el porcentaje de votación nacional, beneficiando a los primeros nombres de las listas regionales. En la práctica, las cúpulas partidistas usan estas listas para asegurar fuero y tribuna a cuadros relevantes que podrían perder en una elección directa. Figuras como Lilly Téllez o Rubén Moreira, así como líderes de Morena, han accedido al Congreso mediante este mecanismo, garantizando su permanencia en la primera línea.
Un elemento vital es el equilibrio regional que aportan las cinco circunscripciones. A diferencia de los diputados de mayoría, que responden a distritos locales, los plurinominales representan visiones regionales amplias y permiten que expertos en temas nacionales aporten perfil técnico al debate. Eliminar esta vía no solo borra minorías, también desdibuja el carácter federalista de la Cámara.
Para entender el fondo del debate hay claves adicionales. Primero, el Sistema Mixto busca evitar que un partido con el 51% de votos obtenga el 100% de las decisiones. Eliminar los 200 plurinominales nos acercaría a un sistema donde el ganador se lleva todo, dejando sin voz real al 40% de la población que votó por otras opciones. Segundo, la Hipocresía del Costo vs. Representación. El argumento del ahorro económico es recurrente, pero en el presupuesto federal el impacto sería marginal. El verdadero costo es político, pues la razón real para eliminarlos es facilitar reformas constitucionales sin necesidad de negociar con la oposición.
Tercero, no debe obviarse el uso distorsionado de las listas de plurinominales para proteger a las élites. Este mecanismo se ha convertido en un blindaje para asegurar que las dirigencias y sus círculos cercanos mantengan el poder sin someterse al escrutinio directo de las urnas. Es el punto más débil ante la opinión pública. En lugar de eliminar la figura, una reforma progresista buscaría democratizar estas listas mediante un sistema abierto donde el ciudadano elija el orden de los candidatos, en vez de dejar que las cúpulas decidan quién entra.
La propuesta de eliminar plurinominales no es un tema de austeridad, sino de ingeniería electoral. Para el gobierno facilita mayorías calificadas; para la oposición representa supervivencia política. La historia enseña que el partido que hoy pide su eliminación, mañana podría necesitarlos para subsistir.
*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt