El desafío de la equidad global frente a la revolución de la Inteligencia Artificial

12 de Febrero de 2026

Pablo Trejo Pérez
Pablo Trejo Pérez
Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

El desafío de la equidad global frente a la revolución de la Inteligencia Artificial

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Pablo Trejo

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EjeCentral

La humanidad se encuentra en un punto de inflexión tecnológica comparable con la revolución industrial. La Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una promesa para convertirse en el motor central de la economía. Sin embargo, como detalla el Informe sobre Progreso y Tendencias Digitales 2025 del Banco Mundial, este avance es desigual. Mientras algunas naciones corren hacia la frontera del conocimiento, otras luchan por dar el primer paso.

Como representante popular, observo con preocupación y esperanza los datos de este estudio. La IA gana impulso en países en desarrollo, pero las brechas en acceso y capacidad exigen atención urgente. No podemos permitir que la tecnología se convierta en una nueva muralla de desigualdad internacional que divida al mundo entre quienes crean algoritmos y quienes solo los consumen.

Es alentador que los países de ingresos medios se conviertan en usuarios activos de la IA Generativa (GenAI). A mediados de 2025, más del 40% del tráfico global de ChatGPT provino de estas naciones, lideradas por Brasil, India, Indonesia y Vietnam. El mercado laboral refleja este cambio: la demanda de empleos relacionados con GenAI se multiplicó por nueve entre 2021 y 2024. Estos puestos pagan, en promedio, un 25% más que empleos similares sin requerimientos tecnológicos.

Sin embargo, persiste una concentración de poder alarmante. Los países de altos ingresos, con solo el 17 % de la población mundial, ostentan el 87% de los modelos de IA destacados y el 91 % de la financiación de capital riesgo. Estados Unidos acapara el 56% de la inversión mundial, seguido por China con el 17% y la Unión Europea con el 15%. En contraste, los países de bajos ingresos, que albergan al 9% de la humanidad, contribuyen apenas con el 1% en indicadores de innovación.

Para que las naciones en desarrollo no queden rezagadas, debemos invertir en lo que el Banco Mundial denomina las Cuatro C: Conectividad, Computación, Contexto y Competencia.

La Conectividad es el piso mínimo. En países de altos ingresos, el 93% de la población usa internet; en los de ingresos bajos, solo el 27%. Además, la intensidad del uso varía drásticamente: una persona en un país desarrollado consumió mil 400 GB de datos en 2023, casi 300 veces más que alguien en una nación de bajos ingresos, donde el uso anual apenas roza los 5 GB. Sin banda ancha robusta, la IA es inalcanzable.

En Computación, enfrentamos la disparidad de la columna vertebral física digital. Los países de altos ingresos poseen el 77% de la capacidad mundial de centros de datos. Los países de ingresos medianos bajos solo poseen el 5% y los de bajos ingresos menos del 0.1%. Sin capacidad de procesamiento local, la dependencia de infraestructuras extranjeras limita la soberanía tecnológica y encarece la adopción de la nube.

El contexto es vital para la identidad cultural. La IA debe reflejar idiomas y realidades locales, superando el dominio actual del inglés. Aquí es donde la IA pequeña cobra relevancia: herramientas ligeras y asequibles que ayudan a médicos a diagnosticar o a pequeñas empresas a vender, sin requerir infraestructuras monumentales.

Finalmente, la Competencia se refiere a la alfabetización digital. En naciones de bajos ingresos, menos del 5% de la población tiene habilidades digitales básicas, frente al 66% en países desarrollados. La demanda de habilidades de IA está concentrada en un 70% en las economías de altos ingresos, perpetuando un ciclo de exclusión.

A pesar de las disparidades, hay esperanza. Las tecnologías de código abierto permiten que países en desarrollo adapten soluciones de IA a sus contextos sin reinventar tecnologías fundamentales. Esta democratización técnica es la que permitirá superar barreras tradicionales hoy mismo.

Como legislador, sostengo que la IA no debe ser una herramienta de exclusión, sino un puente hacia el bienestar general. El informe del Banco Mundial es claro: el impulso está ahí, pero la equidad requiere voluntad política, inversión estratégica en infraestructura y una visión humana. Fortalecer las bases de la IA es fortalecer nuestra capacidad para resolver los grandes problemas de nuestro tiempo y garantizar que el futuro pertenezca a todos.

*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

X: @PabloTrejoizt