El interoceánico y los tiempos idos

7 de Enero de 2026

Rubén Moreira Valdez
Rubén Moreira Valdez
Exgobernador de Coahuila y diputado federal en cuatro ocasiones. Editorialista en El Heraldo de México, El Sol de México, La Prensa de Coahuila, Reporte Índigo, Quadratín, entre otros. Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A. C., así como de la Academia Nacional de Historia y Geografía.

El interoceánico y los tiempos idos

Rubén Moreira Valdez.jpg

Rubén Moreira Valdez.

/

EjeCentral

El ángel de la muerte recorrió las calles de Saltillo y otras poblaciones cercanas la noche del 5 al 6 de octubre de 1972. Las sirenas anunciaban la tragedia. Dicen que en ejidos encontraron a pasajeros que, aturdidos, vagaban; otros llegaron a sus casas a contar las escenas dantescas. El gobernador y el alcalde arribaron al sitio.

En Saltillo, recordó hace unos días un propagandista de Morena, se dio la mayor tragedia ferroviaria de la historia del país. El actor, antes crítico del poder, ahora busca argumentos para distraer la atención sobre los señalamientos que, por lo sucedido al tren interoceánico, se lanzan contra la plástica Cuarta Transformación. En una publicación en las redes sociales afirma: “No recuerdo que culparan al gobierno cuando antes de la 4T se descarrilaba un tren. #Carroñeros”.

Porfirio Díaz realizó el proyecto ferroviario que une Salina Cruz con Coatzacoalcos; el dictador presumía, con bastante lógica, que la infraestructura convertiría la zona en un lugar próspero y de gran desarrollo. Dicen las crónicas que en los primeros años así fue; el Istmo era un buen lugar para cruzar mercancías entre los dos océanos. Sin embargo, Panamá, o mejor dicho los gringos, abrieron un canal que puso un freno a tan bonita ilusión.

A López Obrador, ese personaje por el cual delira el actor fanático, se le ocurrió revivir el sueño del porfiriato y, de paso, cumplir unas fantasías que seguro fraguó en las tardes de ocio de su lejana juventud. Sin estudios de por medio, pero con muchas ganas, se puso a comprar trenes y medio arreglar las vías. Bueno, no solo mercar trenes, también edificar aeropuertos, hoteles, universidades, nailon y hasta una refinería; eso sí, todo sin tener la menor idea de cómo funciona el mercado y de los requerimientos técnicos para que las cosas resulten bien.

Para que nadie reclamara sobre la ejecución de las obras del Tren Maya (otra de las ideas de Obrador) y el interoceánico, encomendó su construcción a las fuerzas armadas. Fue equitativo: uno para el Ejército y el otro para la Marina. Es difícil saber el costo de los proyectos, tanto así que en una mañanera el director del primero dijo no saberlo.

El pasado día 28 de diciembre, una noticia se extendió por las redes. Muchos pensaron que se trataba de una mala broma, pero después se confirmó la información. El actor fanático rebuznó en el ciberespacio el siguiente mensaje: “Les digo que son zopilotes; aún no se ha reportado ningún fallecido; desde el primer minuto ya se saborean estos carroñeros”. Hoy sabemos que murieron catorce personas y hay casi cien heridos.
En 1972, lo primero que se hizo fue culpar a los conductores del tren y luego se señaló como causa el sabotaje. Eran días de reclamos laborales y del tremendo populismo de un gobierno al cual se parece mucho el actual. El tren que se accidentó cerca de Saltillo venía con más de 1,500 peregrinos procedentes de Real de Catorce. Los hospitales se llenaron de cadáveres y heridos; los normalistas y los universitarios fueron llamados a donar sangre; los maestros recorrían las calles levantando un censo de familias con víctimas. El ángel de la muerte dejó tristeza en mi ciudad.

De aquellos días recuerdo el llanto, la indignación del pueblo contra el gobierno federal y el valor de un hombre: un médico, al cual le ordenaron dictaminar la ebriedad de los tripulantes. Él se negó y lo persiguieron. Lo salvó su prestigio y el respaldo del senador priista Óscar Flores Tapia, quien desafió al poder e intervino por el galeno.

El gobierno de Morena debe pausar las obras ferroviarias en funcionamiento hasta conocer el estado de estas, hacer una profunda investigación independiente sobre el accidente y evaluar todo el proyecto de movilidad que se emprendió en la pasada administración y que ha continuado en esta.

Ojalá el frívolo actor tuviera la hombría del médico Luis Morales Benavides.