Apenas han transcurrido los primeros días del año y ya comienza a delinearse con claridad el ritmo bajo el cual se moverá México en los terrenos económico y político durante 2026. La relación con Estados Unidos concentra tres frentes estratégicos que marcarán el año: la coordinación en materia de seguridad, la renegociación del tratado comercial, y la celebración del Mundial de Futbol. Cada uno, por sí solo, implica retos relevantes; en conjunto, configuran un escenario de alta complejidad para el país.
Diversos medios internacionales han señalado a México como uno de los pocos actores que han logrado sortear con relativo éxito el entorno económico derivado de las tarifas arancelarias impuestas por el gobierno estadounidense. Sin embargo, el panorama económico interno presenta retos a atender.
México necesita inversión, y la inversión exige Estado de derecho. No hay matices posibles. Aunque el país continúa siendo atractivo dentro del comercio global, debe fortalecer su capacidad para ofrecer certeza jurídica, estabilidad institucional y reglas claras a los agentes económicos. En este punto, el papel que jugarán la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación y los órganos reguladores será determinante para generar confianza y credibilidad.
En esa misma lógica se inscribe la reciente imposición de aranceles a miles de productos provenientes de Asia. México parece apostar por un fortalecimiento regional que lo consolide como socio estratégico de Estados Unidos. No es un movimiento menor: nuestro país se mantiene como su principal socio comercial, con un intercambio bilateral cercano a los 653 mil millones de dólares en los primeros nueve meses del año pasado, además de un crecimiento de 9% en las exportaciones entre enero y noviembre de 2025.
La apuesta es, en principio, correcta. La integración regional puede posicionar a México como un actor económico clave en el mapa global. Pero no será un proceso sencillo ni exento de tensiones.
Cada país llega a la mesa de negociación con una lectura distinta sobre su margen de maniobra y su capacidad de presión. A partir de ese cálculo, buscará fijar reglas que le resulten favorables. Así ha sido siempre y así será ahora. El contexto actual definirá el marco normativo que regirá las relaciones comerciales de Norteamérica en los próximos años. Ildefonso Guajardo lo ha señalado recientemente: estas negociaciones son, por naturaleza, complejas y tensas. Bajo las condiciones actuales, todo apunta a que no será la excepción. México tendrá que negociar con inteligencia, firmeza y una estrategia clara si pretende capitalizar esta coyuntura histórica a su favor.