En las últimas semanas, la agenda bilateral sufrió sacudidas por amenazas y provocaciones estadounidenses frente a una permanente retórica mexicana de “colaboración sin subordinación”. Ante un mandatario vecinal complejo e impredecible, México urge de una política exterior de Estado y una verdadera estrategia diplomática hacia el norte, ausentes en la 4T al supeditar la diplomacia a la ideología de partido político.
La relación transita por una etapa compleja en comercio, migración y seguridad. Ambos países realizarán la Tercera Ronda de Revisión del T-MEC en México (21 al 23 de julio) sobre aranceles, origen y seguridad económica. Washington busca retener cadenas productivas y equilibrar la balanza comercial. En 2025, el comercio bilateral alcanzó $872,800 Mdd: las exportaciones mexicanas sumaron $534,874 millones y las importaciones $338,000 millones, con un superávit para el país de $196,000 Mdd que lo consolida como primer socio comercial.
A la par, escala la tensión por solicitudes de detención con fines de extradición de Washington contra funcionarios mexicanos —incluido el gobernador de Sinaloa— por presuntos vínculos con el crimen organizado. En este contexto, las memorias del exembajador Ken Salazar, Borderlands: My Fight for an Inclusive America, reavivaron la confrontación. La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó las afirmaciones del libro sobre una supuesta preocupación de Andrés Manuel López Obrador por la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, capo con información sobre narcotráfico al más alto nivel político, que podría incluir al exmandatario.
Además, el supuesto secuestro de Zambada en 2024 por Joaquín Guzmán López, mantiene una disputa sobre el papel de las agencias estadounidenses en México. El conflicto escaló cuando el FBI se atribuyó la detención exhibiendo el avión del traslado, desatando reclamos de Sheinbaum por violación a la soberanía. Salazar defendió a Washington asegurando que el FBI no operó en suelo mexicano, pero reveló que buscó a López Obrador para que fiscales inspeccionaran la aeronave, recibiendo solo silencio. Al complejo escenario se suma la filtración de audios donde la morenista gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, negocia con supuestos intermediarios del FBI para frenar cargos de extradición por sus nexos con criminales a cambio de dar información de las mesas de seguridad local. Ante la gravedad, Sheinbaum proporcionó apoyo tácito hacia la funcionaria.
La tensión se agrava por la muerte de migrantes mexicanos en EE.UU. Como denunció la CIDH, existe un uso desproporcionado de la fuerza en tiroteos del ICE, criminalización de la movilidad, perfilamiento racial y detención punitiva; 17 ciudadanos murieron en centros de detención y tres en operativos. El pasado 17 de julio, EE.UU. endureció su postura al devolver al embajador de México las cartas de protesta y “cease and desist” de la SRE enviadas a las empresas operadoras de dichos centros. Washington advirtió que no aceptará interferencias en su seguridad nacional, tras acusar a México de pretender instruir a sus agentes. Ante esto, la cancillería mexicana optó por la vía multilateral ante la ONU y la OEA, para promover relatorías especiales, así como denuncias penales y civiles ante fiscalías estatales de EE.UU.
En este entramado, la presidenta mexicana asistió a la final de la Copa del Mundo por invitación de Donald Trump. El gesto desató contradicciones locales: la mandataria no presenció partidos en su país y mantuvo una constante invectiva hacia el torneo. Para algunos analistas, su asistencia fue pragmática: entendió el riesgo de desairar al mandatario estadounidense y la urgencia de enviar un mensaje de unidad económica con Canadá. Para otros, el viaje contradice la austeridad oficial y refleja debilidad ante un Trump que capitaliza los reflectores. Aunque México participó con notoria reticencia, la final fue vista por millones en el mundo, un escaparate invaluable para la imagen y presencia del país; proyección difícil de dimensionar para la 4T por su miopía exterior. Como colofón, el gobierno acudió manteniendo un vínculo diplomático endeble con los finalistas: Argentina y España.