Desde las agresivas campañas de desinformación mediática hasta las calculadas inversiones en empresas estratégicas, Rusia ha ido ganando espacios políticos con el objetivo de capturar al Estado mexicano, advierte el Centro para el Estudio de la Democracia (CSD, por sus siglas en inglés). “La búsqueda de influencia global por parte del Kremlin ha hallado terreno fértil en México, donde la corrupción crónica, la gobernanza opaca y la dependencia económica abren la puerta a su modelo de captura del Estado”, afirma en su reciente publicación The Kremlin Playbook in Mexico—assymetric influence (El Manual del Kremlin en México—influencia asimétrica), en la que demuestra que, mediante la explotación de “nichos de élite”, el alineamiento con China y la canalización de capital corrosivo, Moscú busca transformar su extremadamente modesta inversión (0.3% del total) y casi inexistente intercambio comercial (menos del 1% del total) en una “desproporcionada influencia política” en México.
El CSD, think tank independiente y sin fines de lucro con sede en Sofía, Bulgaria, aborda uno de los aspectos menos investigados de la influencia rusa, pero no por eso menos ominoso: la inversión y el comercio, que no se definen por el volumen, sino por su posicionamiento en sectores estratégicamente sensibles como hidrocarburos (Pemex), fertilizantes, logística y finanzas. Menciona que la gigante rusa Lukoil opera los campos petroleros Ichalkil y Pokoch en las costas de Campeche. Que Rusia tiene participación accionaria indirecta en Zama, uno de los mayores yacimientos marinos del país. En 2025, el Kremlin se ofreció a suministrar gas natural licuado a México.
Debido a sus implicaciones en la seguridad alimentaria de los mexicanos, el reporte considera que la vertiente más crítica de la influencia rusa a través del comercio son los fertilizantes. En 2021, Rusia abasteció cerca del 27% de los fertilizantes importados por México, dependencia que expone a los consumidores a posibles choques de precios y disrupciones en el suministro. Rusia ha utilizado reiteradamente los fertilizantes como herramienta de negociación.
De acuerdo con el informe, las empresas rusas en México, mayoritariamente propiedad de poderosos oligarcas cercanos a Vladimir Putin, usan el traslapo entre los flujos financieros rusos y las actividades ilícitas para el lavado de dinero vinculado a las sanciones impuestas por Occidente. El CSD alerta que la creciente alineación estratégica de Rusia con China—nuestro segundo socio comercial– podría ofrecer canales indirectos de influencia dentro del cambiante panorama de las cadenas de suministro mexicanas, abriendo nuevos puntos de entrada para la participación rusa. Este riesgo real puede debilitar aún más la posición mexicana en la mesa de negociación del T-MEC.
En la sección “amplificadores políticos”, el estudio de 41 páginas afirma que la influencia política rusa se basa en una mezcla de canales diplomáticos formales y redes informales de captura del Estado, empezando con el descomunal tamaño de “diplomáticos” en la embajada rusa, muchos espías del GRU y SVR, que permiten al Kremlin crear nichos de académicos, estudiantes, periodistas, legisladores y políticos afines que actúan como amplificadores y multiplicadores de las narrativas antioccidentales sobre la invasión de Ucrania, de críticas a la cooperación con Estados Unidos y de promoción a Rusia como paladín de la soberanía y la multipolaridad.
Señala al Programa de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad de la UNAM, que ha dado foro a personeros del Kremlin; a John Ackerman, a quien Rusia utiliza para acreditar su mensaje; a Celeste Sáenz de Miera, secretaria general del llamado Club de Periodistas de México, “que se ha convertido en amplificadora recurrente de las narrativas rusas, transformando la plataforma en un canal de comunicación oficial entre la Embajada de Rusia y segmentos de la sociedad civil mexicana”; a la embajada rusa, que regularmente publica en La Jornada y El Heraldo artículos que culpan a Occidente de todo lo malo en el mundo, y a Martí Batres, el morenista responsable de haber permitido el bombardeo de los usuarios del Metrobús con propaganda de la cadena rusa RT. El objetivo último, advierte el CSD, es socavar el predominio de Estados Unidos y volver a México menos alineado estratégicamente con Washington.
Financiado mediante una combinación de subvenciones de la Unión Europea, instituciones internacionales de políticas públicas y fundaciones filantrópicas, el CSD sobresale entre sus pares internacionales por ser el primero en realizar una investigación a fondo y expresamente sobre el peligro de la desestabilizadora influencia asimétrica del Kremlin en México, tema que he abordado con persistencia en este espacio por lo que he sido acosada por la embajada rusa. La lúcida investigación del CSD es un llamado de atención a los ciudadanos para que la próxima vez que lean sobre actividades económicas rusas en México, entiendan que no son contrapeso saludable a la dependencia de Estados Unidos, sino guías de procedimiento en el manual del Kremlin para la captura del Estado mexicano.
@DoliaEstevez