En lo que va del año, hemos tenido cinco contingencias ambientales en CDMX. Es más del doble de los que hubo en 2025 en el mismo periodo. En 2026 hemos tenido solo cuatro días con aire realmente limpio en la capital y solo uno si agregamos toda la zona metropolitana.
Según el Plan General de Desarrollo, más del 70% de las emisiones contaminantes en la capital provienen de los medios de transporte (públicos y privados).
Los transportes pesados (camiones de carga y microbuses) son los que más contaminan por unidad, pero el 40% de las emisiones de CO2 provienen de los coches privados. Aunque contaminan menos por unidad, estos últimos tienen mucho mayor impacto en la mala calidad del aire por su enorme e ineficiente volumen.
La ineficiencia en el tráfico de la CDMX es más que evidente: los habitantes de la metrópoli pasamos en promedio 184 horas al año en el tráfico, lo que equivale a unos 45 minutos al día (Tomtom Traffic), aunque sabemos que hay personas que pierden más de dos horas al día en el tráfico. En 2017, se realizaban 34.56 millones de viajes en la ciudad en un día promedio entre semana, de los cuales 6.60 millones se realizaban en coche privado, con un promedio de 1.5 ocupantes por vehículo (EOD más reciente). El 19% de los viajes en la capital –viajes en coche privado–, causan poco más del 40% de las emisiones de CO2 y una ocupación espacial de la vialidad pública desmedida.
La EOD también demuestra que el uso de auto privado es un hábito consolidado en el 20% más rico de la población, donde el 90% de los hogares cuentan con al menos un vehículo que usan para casi el 100% de sus viajes. El 40% menos rico usa el transporte público en el 80% de sus viajes. Pero algo que compartimos todos los habitantes de la capital es el aire de pésima calidad que respiramos.
Además de la falta de regulación en transportes pesados, el Estado también es responsable de la carencia de infraestructura en transporte público. Cuando se activa la contingencia ambiental y el “doble hoy no circula”, la demanda del transporte público incrementa mucho, saturando todas las líneas del metro más allá de las horas pico. En días sin contingencia hay personas que, teniendo acceso fácil a las mejores redes de transporte público de la ciudad, optan por hacer todos sus viajes en coche privado.
En Londres, tras invertir millones de libras en mejorar y ampliar sus redes de metro, su uso no despegó hasta que el gobierno obligó a su gente a dejar de utilizar coches privados. Implementaron zonas de cero emisiones donde le cobraban a la gente para acceder en su coche, quitaron lugares de estacionamiento, subieron impuestos a los coches, etc.
De 2003 a hoy, el tráfico ha disminuido un 30% y la contaminación un 16% en la metrópoli británica. En CDMX se incentiva el uso del coche privado a través del subsidio a la gasolina –reactivado tras la crisis en Medio Oriente–, la prioridad al reencarpetamiento y la ampliación de las calles sobre la construcción, y mantenimiento de banquetas y ciclovías, otorgar subsidios a la tenencia, etc.
El uso excesivo de los coches privados nos enferma y nos roba tiempo, pero el tema de la construcción de una ciudad que pueda prescindir de ellos no se encuentra en el radar. Sí, hay que cambiar los transportes pesados por unos que contaminen menos, pero ¿cuánto tiempo más vamos a seguir construyendo más carriles y calles pavimentadas que poco a poco nos asfixian?