El Poder Judicial ante la inteligencia artificial

19 de Febrero de 2026

Alejandro Téllez
Alejandro Téllez

El Poder Judicial ante la inteligencia artificial

Alejandro Téllez-

La inteligencia artificial ya no es una promesa futura: es una herramienta que está transformando el trabajo humano en tiempo real. Y si eso es cierto para empresas, medios y gobiernos, también lo es -y será inevitablemente-, para el Poder Judicial.

En las últimas semanas, los avances de sistemas como Claude, desarrollado por Anthropic, han demostrado que los llamados agentes de inteligencia artificial pueden realizar de manera autónoma tareas complejas en una computadora como localizar y reorganizar archivos, analizar grandes volúmenes de información, generar documentos y gestionar comunicaciones. Lo que antes requería horas de trabajo humano hoy puede resolverse en minutos.

Figuras como Elon Musk han anticipado que la automatización modificará radicalmente nuestra concepción del trabajo. Más allá de lo debatible de sus predicciones económicas, el punto es claro: cuando una máquina puede ejecutar una tarea de forma más eficiente, el sistema termina incorporándola.

¿Qué significa esto para el sistema de justicia mexicano? El Poder Judicial de la Federación enfrenta un rezago estructural en la resolución de asuntos. Miles de expedientes se acumulan año con año. Pretender que esta realidad puede resolverse únicamente con más personal o más presupuesto parece ingenuo e insuficiente.

Durante años se sostuvo que la inteligencia artificial jamás podría participar en labores jurisdiccionales porque juzgar implica interpretar, ponderar y decidir con sensibilidad humana. Ese argumento pierde fuerza conforme estas tecnologías demuestran capacidad para analizar normas, jurisprudencia y grandes volúmenes de precedentes con una velocidad y precisión que ningún equipo humano puede igualar.

Esto no significa sustituir a las personas juzgadoras. Significa reconocer que la gestión de información, la sistematización de criterios, la identificación de precedentes relevantes y la elaboración de borradores pueden y deben apoyarse en herramientas tecnológicas avanzadas. Aferrarse a la idea de que la justicia debe permanecer ajena a estos desarrollos no protege su esencia; la condena al rezago.

Algunos países ya han comenzado a regular el uso de inteligencia artificial en tribunales para garantizar seguridad, transparencia y control humano. El debate serio no es si usarla o no, sino bajo qué reglas y con qué límites.

En México, el Órgano de Administración Judicial tiene ante sí una tarea estratégica: investigar, desarrollar y capacitar en el uso responsable de estas herramientas. No hacerlo implicaría sumar un rezago tecnológico al rezago procesal que ya existe.

La cuestión de fondo no es si la inteligencia artificial sustituirá al ser humano en la impartición de justicia. La pregunta correcta es cómo aseguramos que, cuando inevitablemente forme parte del sistema, lo haga bajo dirección humana, con controles claros y al servicio de una justicia más pronta y eficaz.

Porque la tecnología llegará. Lo que está en juego es si decidimos conducirla o simplemente reaccionar cuando ya sea demasiado tarde.