El secuestro del futbol

9 de Junio de 2026

El secuestro del futbol

Alejandro Envila

El mundial de la FIFA 2026 está por arrancar y las reflexiones sobre la organización del torneo y el fútbol actual abundan en sentido negativo por lo que esta edición representa: el robo el deporte más popular del planeta a manos de un conjunto de oligarcas y corporaciones que se apoderaron de él y lo convirtieron en su negocio multimillonario, sin lugar para los auténticos aficionados si no son de la élite económica mundial.

El fútbol es el deporte más practicado y más seguido en el orbe. Su popularidad es históica, pero en definitiva no depende del impulso mediático que supuestamente recibe de la televisión tradicional, ni del mundo de la comunicación digital de hoy. El fútbol ya era igualmente popular y tenía una organización global hace 96 años, cuando celebró su primer campeonato mundial en Uruguay, en 1930, con dos semanas de competición y 13 equipos.

El fútbol no ha necesitado de la televisión, el internet o las redes sociales para ser popular. Más bien ha sido explotado primero por una oligarquía directiva que se convirtió en Federación Internacional de Futbol Asociación, después por las grandes marcas deportivas, -hay muchas pero destacan la alemana Adidas y la norteamericana Nike-, que lo usaron para vender camisetas y zapatos, y al final por las grandes cadenas de televisión en una primera época, y por su evolución de la era digital: las plataformas televisión por internet, que lo usaron como imán para vender publicidad, suscripciones y boletos.

No hay nada que esos negocios le haya aportado al deporte que no sea encarecimiento y, paradójicamente, alejamiento de sus verdaderos aficionados que cada vez ven más difícil acudir al estadio de su equipo favorito. En cambio los negocios han crecido y se han convertido en corporaciones multimillonarias, con todo el poder que su dinero implica, a costa del futbol y, hay que decirlo, de otros espectáculos deportivos, aunque ninguno tan popular como este.

En el mundo capitalista no está prohibido hacer buenos negocios, pero en el extremo que el mercado no regula, y el mercado nunca se autorregula cuando se trata de productos que no tienen sustituto, lo que ha ocurrido en los últimos años es la apropiación, sin ética ni límite a las ambiciones, del futbol por ese grupo que lo explota desde la FIFA, por sus socios, las federaciones nacionales, y por las corporaciones que han apuntalado, con sus miles de millones de dólares, a esa oligarquía multinacional hoy encabezada por Gianni Infantino, junto a quien Joao Havelange y Joseph Blatter parecen la Madre Teresa de Calcuta.

No solo el valor de un boleto para asistir a cualquier partido del Mundial, y ahora son más de 100, es ofensivo e imposible de pagar para el aficionado promedio, el precio de cualquier artículo conmemorativo es ridículo. Un balón, aunque sea el oficial de la competición, no debería costar tres mil pesos cuando el precio de mercado del objeto es de 200.

Aparte están las groseras exigencias que la FIFA le impone a países y ciudades sede del torneo. Además de la exención de impuestos hay otras. Los vecinos del Estadio Azteca más, pero la mayoría de los millones de habitantes la CDMX, Guadalajara, Monterrey, Seattle, San Francisco, Los Ángeles, Toronto y toda ciudad sede, serán rehenes en sus propias casas a grado tal que escuelas, empresas y oficinas de gobierno han optado por suspender labores o decretar home office, pues la movilidad estará comprometida por la obligación prioritaria de transportar, en el sistema de transporte público y en los espacios públicos, a los 80 mil aficionados con boleto al estadio donde se celebre cada partido.

Lo ridículo es que todos los gobiernos del mundo, no sólo el mexicano, caen en el engaño de la FIFA y pelean, con la cartera abierta, por ser sede de un evento que los endeuda, a cambio de una supuesta proyección internacional tan frágil, que cualquier grupo de profesores rijosos como los de la CNTE en México, compromete con un puñado de manifestaciones.

Mientras las ciudades se arrodillan ante la FIFA en detrimento de su productividad, educación y finanzas, los verdaderos aficionados tendrán que ver el mejor futbol del mundo por televisión abierta en una cobertura limitada a 30 partidos, o comprar un bono especial en el sistema de televisión de paga que ya págan, si quieren tener acceso a los 104 partidos.