Es falso que México no intervenga en los asuntos internos de otras naciones. Siempre ha intervenido. Ayudó a los sandinistas a tomar el poder en Nicaragua hasta con armas; reconoció como fuerza beligerante a los grupos armados en El Salvador y, más recientemente, provocó el rompimiento de relaciones con Ecuador tras enredarse con la oposición correísta.
Además de injerencista, la política exterior actual también es hipócrita y parcial. La presidenta predica desde el púlpito mañanero el dogma de la no intervención, y la solución pacífica de las controversias como pretexto para no denunciar a dictadores y criminales de guerra, al tiempo que cubre en su manto protector a la izquierda cavernícola.
Quizá uno de los peores actos de intervención de todos los tiempos, que poco se conoce, es el caso del finado embajador Gustavo Iruegas, quien actuó de intermediario en la transferencia de armas para los sandinistas cuando fue embajador de México en Nicaragua, según revela en su autobiografía, ‘Diplomacia en Tiempos de Guerra’ (Historia Internacional 2013). “Hicimos mil cosas, movimos armas, dinero, gente … (pág. 203)”.
“Susie llevó a la comandante Dos a Granada, con una bolsa llena de armas. Pero echaron unos brasieres y unos calzones arriba, para que no se vieran … Iban en un carro con placa diplomática de Washington y en ese carro funcionó un tiempo Radio Sandinista. Eran decisiones personales, eran riesgos personales … Cuando Susie iba a hacer ese tipo de cosas, se tomaba un Valium para el susto … El asedio sobre la embajada era muy fuerte, porque nosotros estábamos enredados. Una vez trajimos munición para un mortero, la entregamos y al ratitio atacaron con el mortero la casa del ministro de Gobernación” (pág. 205). Susie Iruegas, o Susana Peón viuda de Iruegas, “mi amor, cómplice y todo”, es hoy la embajadora de México en Honduras. Tiene nacionalidad mexicana y cubana (EjeCentral 19/01/2026).
Iruegas y Peón se conocieron en La Habana en 1967. Ella estudiaba ballet y él, diplomático del Servicio Exterior, trabajaba en la embajada de México. Su primera cita fue en la Plaza de la Revolución oyendo a Fidel Castro. Una década después, ya casados, Iruegas fue designado embajador en Managua, “con la misión de hacer todo lo que pueda para ayudar a la revolución, cuidando las formas”. Narra que viajó clandestinamente a Costa Rica a buscar a “mi amigo”, Daniel Ortega, actual dictador de Nicaragua, para acordar el mejor momento de romper relaciones con Somoza.
Cuenta que algunos sandinistas los veían como “diplomáticos estirados”, pero “la influencia de Susie, que venía de Cuba y se había educado en Cuba”, ayudaba a atenuar la desconfianza. “Éramos como una especie de Fidelitos chiquitos, y si Fidel era ‘El Caballo’, entonces Susie era la ‘La Potranca’, y yo era ‘El Potrillo’ (pág. 214).
De Nicaragua, Iruegas pidió ser enviado a El Salvador, donde aplicó el mismo manual injerencista. “A Susie la llamaban la embajadora roja, y a mí por consiguiente … así hablaban de nosotros en los corrillos de los diplomáticos … Nos veían como representantes de ese país ‘medio comunista’ que era México” (pág. 233).
Poco antes de morir en La Habana en 2008, Iruegas fue nombrado “canciller legítimo” por AMLO, quien años después nombró a su viuda embajadora en Honduras donde aún sigue. “La lectura de las memorias de Iruegas nos ilustra sobre la ideología de la actual política exterior de México que sigue viendo la revolución cubana como el paradigma para América Latina.
Me preocupa que la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum busca acercar a México al modelo cubano de un partido monolítico”, me dice la diplomática en retiro Roberta Lajous, embajadora en Cuba cuando Iruegas era subsecretario para América Latina antes de que fuera despedido bajo el sexenio de Vicente Fox.
Si bien no hay elementos probatorios para fundamentar versiones de que Iruegas y Peón eran colaboradores del gobierno comunista de Cuba, tampoco los hay para descartar la hipótesis. De sobra conocida es la habilidad de la inteligencia cubana para cooptar y reclutar a funcionarios extranjeros. Cuestión de recordar los sonados casos de dos espías infiltrados en el gobierno de Estados Unidos: el embajador Manuel Rocha, diplomático con larga carrera en el Departamento de Estado, y Ana Belén Montes, analista de inteligencia del Pentágono. Ambos fueron encontrados culpables de espionaje para los cubanos.
@DoliaEstevez