Estrategia binacional México-EU: urgencia institucional

1 de Septiembre de 2026

Estrategia binacional México-EU: urgencia institucional

Omar Hurtado_WEB.jpg

Omar Hurtado

La Secretaría de Relaciones Exteriores informó que el canciller Roberto Velasco, viajó a Washington D.C., el pasado 26 de agosto para reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio y revisar la agenda bilateral. También se reunió con Jacob Helberg, subsecretario para Asuntos Económicos y representantes del Departamento de Seguridad Interior bajo el liderazgo de Troy Edgar. El diálogo integró seguridad, combate a las drogas, migración, crimen organizado y economía.

Esta reunión ocurrió bajo complejas tensiones y desconfianza mutua. Al ser el primer encuentro formal entre ambos, el acercamiento es estratégico para subsanar omisiones previas en la gestión diplomática. Aunque los vínculos muestran una profunda integración económica, persisten desafíos en seguridad y movilidad humana. Esto exige una estrategia binacional integral, pragmática, basada en la cooperación técnica y ajena a sesgos ideológicos. Frente a la impredecibilidad de la administración estadounidense, México requiere consolidar una agenda ordenada que evite la improvisación y la retórica reactiva. Para transformar la desconfianza en certeza, la relación debe fundamentarse en mecanismos formales, predictibilidad y respeto mutuo, asumiendo este vínculo como el eje en la política exterior.

Un desafío central para el Estado es la defensa de sus intereses comerciales, esenciales para el desarrollo nacional. El panorama enfrenta alertas por incrementos arancelarios y la propuesta de Washington de sustituir la renovación del T-MEC por revisiones anuales. Esta medida generaría una incertidumbre regulatoria constante que podría ralentizar las inversiones de capital.

En 2025 el intercambio alcanzó los 872 mil 834 millones de dólares, distribuidos en 534 mil 874 millones en exportaciones, 337 mil 960 millones en importaciones y un superávit para México de 196 mil 913 millones. No obstante, persisten presiones arancelarias sobre reglas de origen en sectores estratégicos como el automotriz, el acero y el aluminio; además de restricciones en semiconductores y baterías para limitar insumos de China y acusaciones de que el territorio mexicano es usado como “trampolín” para mercadería originaria de ese país.

En seguridad y narcotráfico, Washington demanda un endurecimiento de las acciones del Estado mexicano contra los cárteles —catalogados allá como organizaciones terroristas— y la desarticulación de las redes de fentanilo. El reto de México radica en articular una cooperación binacional en inteligencia y seguridad con pleno respeto a la soberanía, ante discursos de sectores estadounidenses que promueven acciones unilaterales e ignoran factores clave como el flujo ilegal de armas hacia México y el lavado de dinero.

En la zona fronteriza, la presión operativa aumentó con el uso de drones estadounidenses para neutralizar aeronaves y derribar aeronaves no tripuladas de grupos delictivos en áreas colindantes. Existen conversaciones para que las Fuerzas Armadas mexicanas adquieran drones y sistemas anti-drones estadounidenses para asegurar la frontera.

Asimismo, bajo la administración de Donald Trump, la política migratoria conserva un enfoque punitivo. Si bien ambas naciones mantienen canales de comunicación, México enfrenta presiones constantes para contener los flujos migratorios irregulares. Desde una perspectiva humanitaria, el Estado debe gestionar la movilidad mediante despliegues ordenados y asistencia social. El fin prioritario es prevenir crisis en las ciudades fronterizas, rechazando presiones para actuar como “tercer país seguro” o recibir deportaciones masivas de extranjeros. Paralelamente, la diplomacia mexicana rechaza las redadas masivas indiscriminadas y sin el debido proceso, y exige el esclarecimiento urgente de los decesos de connacionales bajo custodia del ICE o en operativos fronterizos.

El escenario actual muestra que la relación con Estados Unidos no puede gestionarse mediante reacciones coyunturales ni discursos de corte ideológico. México requiere retomar, de manera urgente, una estrategia de Estado altamente especializada, técnica y permanente, conducida por cuadros diplomáticos expertos en la arquitectura institucional de Washington. El éxito de la política exterior mexicana frente a su socio estratégico no dependerá de la retórica política, sino de la capacidad de operar con predictibilidad, defender los intereses comerciales y consolidar mecanismos formales de cooperación que salvaguarden la soberanía nacional y la dignidad humana.