En su territorio, durante los días de la invasión francesa, se dio un episodio de heroísmo que describe la personalidad de los habitantes de este emblemático lugar. Juárez, en su marcha al norte, dejó los archivos de la Presidencia bajo el resguardo de un grupo de vecinos. Ellos los escondieron en lo que conocemos como la Cueva del Tabaco y los monárquicos, para hacerse de ellos, la emprendieron contra los custodios del “tesoro”.
Matamoros, Coahuila, fue escenario de la Revolución. En esas tierras nació el famoso Benjamín Argumedo y hasta se casó, eso dicen, un bígamo o “polígamo” llamado Pancho Villa. Fue Héroe de las batallas de Torreón y San Pedro, y conocido por ser un notable asesino y violador de mujeres.
Tiempo después, Cárdenas realizó el reparto agrario, reclamo de la Revolución y acción muy conveniente para desmantelar la idea de armar ejércitos campesinos. Esa gesta, medio comunista, desató el crecimiento mercantil de la zona.
Como en el resto de Coahuila, en Matamoros hay una amplia cultura política y una férrea conciencia democrática que se manifiesta de manera brusca cuando la población advierte que hay irregularidades en el gobierno o se toman decisiones impopulares. Son bravos y justos mis paisanos.
A principios del siglo XX, llegó desde Jalisco la familia Cervantes Arámbula a la Comarca y, con ella, Lucas, que se hizo cargo de la Iglesia de Guadalupe en El Coyote. A los 27 años fue ordenado en Saltillo por el legendario obispo Jesús María Echeverría. El caserío al que fue asignado para realizar su ministerio era una clásica hacienda porfiriana, propiedad de Andrés Eppen Aschenborn, antiguo combatiente de la República y personaje fundamental en la construcción de la Laguna y, en particular, de Torreón. En 1915, cuando Lucas arribó a la parroquia, el señor Eppen tenía varios años de muerto y había acumulado una considerable fortuna que incluía un buen número de hectáreas.
Para el sacerdote venían tiempos difíciles: no solo los de la Revolución, que en esos días vivía la intensidad del enfrentamiento entre carrancistas y villistas, sino también los del conflicto religioso que una década más tarde ensangrentó al país. Al cura también le tocaría ser testigo del reparto agrario y de las andanzas del michoacano por toda la región.
Felipe de Jesús Medina Tijerina es un maestro normalista oriundo del ejido Atalaya. Su trayectoria docente es ejemplar y a ella suma su afición por la historia, la que asume con particular empeño, pues es fundador y director del museo de su localidad. Es dueño de una gran capacidad para indagar, y su búsqueda de datos y referencias lo ha llevado a recorrer archivos de todo tipo, y a ordenar sus hallazgos para conocer y entender el pasado de nuestra entidad.
Hace apenas unas semanas salió de la imprenta un texto de su autoría. Es una investigación sobre Lucas Cervantes Arámbula y su vida como párroco en la Comarca Lagunera. En su libro aparecen los días del conflicto religioso y la Guerra Cristera en la región.
Los motivos del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado se remontaban hasta la Guerra de Reforma, pero se agudizaron con las reglas contenidas en la Constitución del 17 y la Ley Calles en relación con la fe y la vida civil, pero también con la nueva normativa sobre trabajo, educación y propiedad de la tierra.
El libro narra la suspensión del culto y la actitud del cura ante la acción jacobina del Estado. Lucas, al igual que su santo patrono, asumió los riesgos de su misión pastoral y no paró en su ministerio. Fue también un activo militante del movimiento que enfrentó al gobierno. En el texto de Medina hay referencias a la causa escobarista, aquella que se levantó por temas de carácter político contra Calles y que terminó llenando los bolsillos de los generales rebeldes.
Cervantes pagó el ejercicio de su fe con cárcel y destierro, pero, a diferencia de otros, conservó la vida. Cosa no menor, pues enfrentó a brillantes matones como Eulogio Ortiz Reyes, conocido por su violencia e ignorancia y también por ser medio pendejo y malo para cruzar avenidas, pues murió aplastado en Querétaro por un jeep recién comprado por el Ejército.
Se cumplen cien años del conflicto religioso y el texto de Medina Tijerina es una joya que merece difusión. En Coahuila, muy pronto aparecerá uno más bajo la firma del historiador Jorge Tirso Lechuga Cruz. Los dos se suman a Cristeros en el Cedrito y Parras de la Fuente, Coahuila, texto de reciente publicación que relata lo acontecido en la región sureste del estado.