Escenas dantescas aparecieron en los televisores de todo el país; personas convertidas en antorchas se consumían en un infierno de fuego. Los hechos acontecieron en Tlahuelilpan, Hidalgo. Al día siguiente, el presidente, acompañado del gobernador del estado, informaba de lo sucedido. Dicen que desde ese acontecimiento surgió una complicidad entre estos personajes que llevó al segundo a entregar el estado a Morena y al primero a recompensarle con una embajada.
El accidente sucedió en enero de 2019, cuando cientos de personas recolectaban combustible de una fuga provocada. Todo indica que no era la primera vez que se realizaba la operación y que el mecanismo delictivo incluía construir una enorme alberca donde se acumulaba el líquido para luego, mediante tinas, ser recolectado por habitantes del lugar que recibían una contraprestación. Es imposible que las autoridades no se percataran de lo sucedido; por lo tanto, la inacción forma parte de la tragedia.
Hidalgo es una de las entidades con mayores carencias y, pese a tener una envidiable ubicación geográfica, sus condiciones de desarrollo son lamentables. La responsabilidad es de gobernantes sin idea. Cuya incapacidad no les permite aprovechar el enorme potencial humano y cultural de la entidad.
Al estado lo cruza un oleoducto que comunica Tuxpan con Tula, donde se encuentra una controvertida refinería. En la actualidad, es el territorio con más ilícitos por extracción ilegal de combustible. El huachicol dejó al país pérdidas por 23 mil 495 millones de pesos en 2025. Hidalgo concentra el 28 por ciento de ese ilícito. Lo anterior es posible por la existencia de un gobierno local que, otorgando el beneficio de la duda, cuando menos es omiso.
La mafia de huachicol es tan poderosa que domina grandes regiones del estado y su actividad criminal, a estas alturas, se ha expandido a otros ilícitos. En la prensa se reportan homicidios terribles y asaltos en las carreteras; mientras eso sucede, sin honestidad y capacidad de autocrítica, el gobierno del estado descalifica el problema y, con pretextos que nadie acepta, se desliga de la responsabilidad.
Desde la oficina de planeación del estado se organizan estrategias para “controlar” los daños en la imagen y atacar a opositores. Millones de pesos se gastan en campañas digitales para tratar de posicionar el fallido gobierno de Julio Menchaca y desviar la atención del problema de inseguridad. Sin embargo, al mismo tiempo, en los restaurantes de la ciudad abundan personajes armados y automóviles de muy alta gama.
Sin embargo, la sensación de inseguridad crece y, según las cifras del INEGI, ahora es del 59.9 por ciento en Pachuca. El huachicol no solo es una pérdida de recursos cuantiosos para México; también es la muestra de la ineptitud de gobernadores que evaden enfrentar al crimen y prefieren la comodidad que les genera la frivolidad de colaboradores que juegan a mandar. Los de Hidalgo son un grupo de efebos pretensiosos; son los pequeños oligarcas que se compraron un gobierno.