En la colaboración de la semana pasada comenté algunos aspectos del informe de la OCDE sobre México y ahora quisiera referirme a otros que considero importantes tomar en cuenta por parte de las autoridades gubernamentales.
Hay dos temas que creo que están estrechamente ligados y que, con un esfuerzo serio, permitirían mejorar considerablemente la vida de millones de mexicanos: la educación y el empleo.
En uno de los temas más álgidos, y que muchos hemos señalado, dicen que el gasto público en educación y salud sigue siendo de los más bajos de la OCDE, y argumentan que el crecimiento del gasto público en áreas de limitado éxito económico, como proyectos de infraestructura con un cuestionable análisis costo-beneficio, limita los recursos para las tareas antes mencionadas, según podemos deducir.
En la página de Estadísticas Básicas mencionan que la tasa de desempleo entre los mayores de 15 años es de 2.7%, mientras que el promedio de la OCDE es de 4.9%. Aquí habría que tomar en cuenta que la informalidad es, en buena medida, lo que permite registrar una tasa tan baja, aunque ello ocurra en condiciones difíciles, como la falta de seguridad social, salarios bajos y el paso constante de una actividad a otra.
Según el informe, el 55% del empleo en México es informal, siendo el más alto de todos los países miembros de la OCDE y de América Latina, y afecta principalmente a los jóvenes y a los adultos con escasa educación, y se requiere crear herramientas para reducirla, ya que existe un nexo directo entre poca educación y trabajo informal.
Con referencia al estudio denominado PISA, que mide el nivel de los estudiantes de educación primaria y secundaria en varios temas, los estudiantes mexicanos califican en los últimos lugares entre los países participantes, que son muchos más que los miembros de la propia OCDE.
Muestran su preocupación por el alto abandono antes de terminar la educación secundaria, ya que ello deja a muchos sin los conocimientos para entrar al mercado de trabajo y terminan cayendo en la informalidad. Hacen también una crítica por la reducción y el abandono de las Escuelas de Tiempo Completo, indicando que esto representa, entre otras cosas, una barrera para el empleo formal de las madres, ya que con tan pocas horas de clase se les dificulta conseguirlo.
En cuanto a la educación superior, en la cohorte de 25 a 64 años nosotros tenemos casi al 22% de la población, mientras que el promedio de la OCDE es de 41%, es decir, casi el doble de lo que tiene México, y este creo que es uno de los principales problemas que no se está atendiendo como se debe, ante la falta de recursos.
Y si nos vamos a la medición de la inversión en ciencia y tecnología, según el informe solo le destinamos el 0.3%, mientras que el promedio de la OCDE es de 3%, lo cual también indica uno de los grandes faltantes de la política pública mexicana, más aún cuando se pretende desarrollar varias industrias que requieren inversión cuantiosa y personas preparadas en estos temas.
En otro de los temas actuales, el referente a la inteligencia artificial, critican que la nueva Agencia para la Transformación Digital y las Telecomunicaciones carece de suficiente personal y de recursos para atender las tareas que se le han encomendado, y que además carecemos de una estrategia integral para la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías digitales.
Sin duda, varias de las opiniones vertidas por quienes participaron en el informe pueden ser cuestionables e incluso debatidas, aunque hay que tomar en cuenta que toda la información utilizada para hacerlo ha sido tomada de fuentes oficiales mexicanas.
Lo que es indudable es que en algunos temas tienen toda la razón, y ojalá las autoridades correspondientes puedan analizarlo y tomar en cuenta aquello que sea lógico y de beneficio de los mexicanos, más allá de las posturas políticas.