Inundaciones por infraestructura colapsada

19 de Junio de 2026

Inundaciones por infraestructura colapsada

simon vargas

“El cambio climático es la mayor amenaza para nuestro planeta.”

Ban Ki-moon, ex Secretario General de la ONU.

Las intensas precipitaciones que han azotado diversas regiones de la República Mexicana en las últimas semanas son la manifestación de una realidad que hemos ignorado permanentemente: la profunda vulnerabilidad y en otros casos ausencia de infraestructura urbana, así como la carencia de equipo y herramientas adecuadas y la crónica falta de preparación de algunas autoridades ante fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

En la Ciudad de México, las lluvias han convertido avenidas en ríos, estacionamientos en lagos y hogares en escenarios de desesperación. Autos flotando o completamente sumergidos, comercios inundados con mercancía destruida y familias viendo cómo el agua arrasa con sus pertenencias y recuerdos, lo cual tristemente se ha convertido en el saldo recurrente de una negligencia que ya no puede disimularse.

Puntos críticos han registrado inundaciones severas; imágenes recientes muestran vehículos varados bajo metros de agua, corrientes que arrastran todo a su paso y comercios del Centro Histórico con daños significativos. A pesar de anuncios de inversiones en obras hidráulicas, la realidad en las calles es de caos vial, cierres y daños en el Metro, alteraciones en la movilidad social, afectaciones al AICM y pérdidas económicas que recaen directamente sobre los ciudadanos.

El problema no se limita a la capital, en el Estado de México, Veracruz, Puebla, Hidalgo y otras entidades, las lluvias han provocado deslaves, desbordamientos y afectaciones similares; la ausencia de mantenimiento preventivo, la urbanización descontrolada y la falta de coordinación entre instancias federales, estatales y municipales dejan en evidencia una incapacidad sistémica, ¿cuántas familias quedan en la ruina por algo que, con planeación, podría mitigarse significativamente?

Expertos y organizaciones internacionales llevan años advirtiendo sobre la intensificación de los fenómenos climáticos asociados al ciclo ENOS (El Niño-Oscilación del Sur); hemos transitado de condiciones de La Niña, que ya generó afectaciones notables, hacia la cada vez más probable presencia del Niño que podría evolucionar en un Súper Niño a finales de 2026 o inicios de 2027. Estos eventos traen consigo lluvias abundantes e intensas en regiones del Pacífico y centro del país, pero también sequías severas en otras zonas, granizadas destructivas, olas de calor extremo y huracanes más potentes.

Las organizaciones científicas y meteorológicas han señalado con precisión los escenarios: más precipitaciones extremas que sobrecargarán sistemas obsoletos, combinadas con sequías que afectarán la agricultura y el abastecimiento de agua; sin embargo, las instancias de gobierno, desde la Secretaría de Medio Ambiente, la Comisión Nacional del Agua hasta Protección Civil y los gobiernos locales, parecen actuar con reactividad tardía, más preocupadas por comunicados y operativos de emergencia que por una estrategia integral de adaptación y resiliencia.

La falta de preparación es alarmante, se debe entender que el cambio climático no es una excusa para la inacción; es un multiplicador de riesgos que exige visión de Estado, no improvisación sexenal; es por ello que, ante este panorama, urge un cambio radical de paradigma.

Es momento de actuar con urgencia y responsabilidad los gobiernos deben priorizar infraestructura: modernizar redes de drenaje, construir más espacios permeables, implementar atlas de riesgo actualizados y destinar presupuestos reales, a la prevención; pero la ciudadanía también tiene un rol ineludible: dejar de tirar basura en calles y coladeras, participar en programas de limpieza y fomentar una conciencia ambiental genuina. No podemos olvidar que el cambio climático es un desafío global que se resuelve con acciones locales coordinadas.

Los fenómenos meteorológicos, intensificados por la variabilidad climática, traerán consecuencias cada vez más graves, urge un pacto nacional porque solo así nuestro país podrá enfrentar el futuro climático no como víctima, sino con la madurez y preparación que merece su gente. La hora de las excusas debe terminar y la de las acciones concretas y sostenibles, tiene que comenzar.

Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.