Mientras el mundo celebra la democratización de la información a través de modelos de lenguaje como GPT, ignoramos una problemática preocupante: la posible burbuja financiera en torno a la industria de la IA que podría estallar en 2030.
Con la demanda actual se estima que para 2026 el uso de centros de datos, criptomonedas e IA consumirá cerca de 1,000 TWh anuales. Una sola consulta a un LLM consume cerca de 10 veces más energía que una búsqueda tradicional en Google y la generación de una imagen suele usar tanta energía como una carga completa de un celular inteligente. Con esta misma demanda, se proyecta que en 2026 los LLM consuman entre 300 y 700 mil millones de litros de agua, que equivalen al consumo mundial anual de agua embotellada.
Para 2030, el mercado de la IA duplicará o triplicará su tamaño. Es una industria donde mucha gente invierte esperando retornos gigantes. Pero cuando aterrizamos esta supuesta maravilla a la realidad, nos topamos con múltiples paredes.
TSMC, con sede en Taiwán, controla más del 60% del mercado total de semiconductores y más del 90% de los chips avanzados esenciales para IA. Produce componentes críticos para Apple, Nvidia y AMD. Si TSMC desaparece, la inteligencia artificial desaparece con ella. Cualquier conflicto que estalle en Taiwán implicaría el colapso de la industria de la IA.
Esta concentración del mercado en una sola empresa y en una nación geopolíticamente tan compleja como Taiwán, genera incentivos para encontrar formas de diversificar. En los últimos meses, Estados Unidos ha firmado tratados con diversos países en América Latina para asegurar el suministro de minerales críticos — litio para baterías, cobre para infraestructura eléctrica, y otros insumos esenciales para sostener los centros de datos que alimentan la IA.
El crecimiento esperado llevaría a que la demanda de energía alcance entre 13% y 20% del consumo global, y que el consumo de agua se duplique. Estas cifras no solamente derivan en un debate ético sobre qué tanta agua y electricidad debe destinarse a la industria de la IA y no al consumo humano, sino que podríamos llegar a ver un escenario en el que la demanda física no pueda cubrirse. Si la tecnología no evoluciona lo suficiente para volver más sostenible la industria de LLMs, es posible que esa industria no pueda crecer todo lo que se proyecta. Cuando la expectativa de crecimiento no se satisface después de tanta especulación financiera, la catástrofe es inminente: quiebran empresas, se pierden inversiones, colapsa la industria.
Esto no suena lejano ni fantasioso, ya que ha habido crisis financieras fuertes debido a la especulación excesiva (USA en 2008 por ejemplo). Los grandes dueños de capital que deciden invertir en esta industria esperan recibir sus retornos de inversión, cueste lo que cueste. El recorte que probablemente no puede suceder en agua y energía, será transferido a la mano de obra que extrae los minerales, garantizando que más mineros alrededor del mundo vivan en situaciones precarias. Las presiones políticas para garantizar cadenas de suministro más asequibles crecerán cada vez más, generando tensiones entre naciones y entre clases sociales. Y si la industria quiebra, el dinero de nuestros impuestos no será invertido en bienestar social, sino en rescatar empresas y capitales millonarios. Esta es la verdadera amenaza de la IA.