La corrupción que destruye

25 de Mayo de 2026

La corrupción que destruye

raymundo riva palacio AYUDA DE MEMORIA

1ER. TIEMPO: Debajo de la línea de flotación. El 3 de octubre de 2022, en la recta final de su sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que “mi pueblo y mi autoridad moral son mi escudo protector”. López Obrador, que hizo de la honestidad la divisa de su carrera política, estaba tratando de hacer un control de daños por un libro que estaba a punto de salir a la venta, escrito por la periodista y escritora Elena Chávez, que estuvo casada 18 años con César Yáñez, sombra y escudero inseparable durante todo ese tiempo. El libro se titulaba El rey del cash, y era un testimonio documentado sobre la deshonestidad de quien hizo de lo contrario, una bandera moral. La temática del libro abordaba la corrupción y la deshonestidad en su círculo íntimo, hasta ese momento, y por un largo tiempo más, esquivó sin dificultad los obuses de corruptelas en su entorno. Pero nada es para siempre. Su Talón de Aquiles, sus hijos, comenzaron a correr por sus piernas como cáncer. Negocios multimillonarios, amigos corruptos, abuso del poder de su padre, fueron denuncias que mellaron la credibilidad, que comenzaron a cavar una fosa profunda con fotografías de su primogénito, José Ramón, viviendo una vida de lujos por México y Estados Unidos, mientras que su hermano Andy, fue captado en uno de los hoteles más lujosos de Japón, donde pagó una cena en más de 45 mil pesos. El teflón de López Obrador, se rompió. Las encuestas comenzaron a registrar un incremento en la percepción que la corrupción no había sido combatida, sino tolerada, centrándose en los hijos como la enfermedad moral del expresidente. Una reciente acusación por haber pactado con el Cártel de Sinaloa para que le ayudaran a ganar las elecciones para gobernador, dirigido al corazón de su protegido Rubén Rocha Moya, ya cumplió más de tres semanas con descrédito para ambos, la sospecha de compromisos políticos con el crimen organizado y una contaminación para el movimiento de la 4T y para Morena, el partido que fundó. En paralelo sucedió la eliminación de los pesos y contrapesos, la muerte de los organismos autónomos, de la transparencia, de la rendición de cuentas, el desvanecimiento del estado de Derecho y la certidumbre jurídica. La historia vista muchas veces en el mundo, caminando en cámara lenta por el México de López Obrador. La corrupción, muestra la historia, rara vez aparece sola en el declive de un Estado. Casi siempre llega acompañada de concentración de poder, captura de instituciones, impunidad y pérdida de legitimidad. La música y la letra no son ajenas.

2DO. TIEMPO: La consecuencia de perder las virtudes cívicas. Cuando el Imperio Romano se estaba consolidando bajo el emperador Augusto, que hizo grandes reformas que ayudaron a Roma, el historiador Tito Livio escribió su principal obra Ab Urbe Condita (“De la Fundación de la Ciudad”), donde aventura la hipótesis -que no podía ser otra cosa porque aún no sucedía-, que los imperios y las repúblicas se corrompen cuando pierden sus virtudes cívicas, ya que la decadencia comenzó en Roma cuando abandonó la austeridad, la disciplina, el respeto a las leyes y el deber público, mientras que los síntomas de su descomposición moral se encontraban en la ambición personal, los lujos, la codicia y la corrupción política. La corrupción, por supuesto, no destruyó a Roma de un día para otro. Lo que ocurrió fue más lento, pero más peligroso. Empezó cuando las leyes dejaron de ser el límite del poder y comenzaron a convertirse en herramientas del poder. Entonces se abandonó la austeridad republicana y sustituyó la virtud pública por la ambición privada. Cuando los hombres se colocaron por encima de las leyes, que habían permitido la expansión de Roma, el imperio comenzó a pudrirse desde dentro. En la Historia hay varias etapas reconocibles. Primero, la normalización de la corrupción, con gobernadores que saqueaban provincias y senadores que compraban votos. Los generales utilizaban al ejército como patrimonio personal, y los jueces respondían al César y no al derecho. La ley dejó de ser un principio universal y se convirtió en una concesión política. Luego, el lenguaje oficial empezó a ocultar la realidad. Ya no hablaban de corrupción sino de estabilidad. Ya no había crítica de abusos, sino de cantos por la defensa del imperio. La propaganda sustituyó al debate público, y el poder comenzó a exigir lealtad emocional en lugar de legalidad institucional. Eso le pasó al PRI, que tuvo una hegemonía política de 70 años, cuya corrupción dejó de ser funcional y se volvió depredadora, como lo vimos todos con los gobernadores jóvenes de la generación del presidente Enrique Peña Nieto. La estabilidad política construida sobre el control político y el reparto corporativo, se agotó y crecieron redes de corrupción autónomas, que le quitaron toda legitimidad, convirtiéndose en símbolo del régimen, y la plataforma de despegue para que, en su tercer intento, Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia con un tsunami electoral detrás de él. Una bocanada de oxígeno al llegar alguien que había hecho de la honestidad su bandera y del combate a la corrupción su grito de guerra. Pero todo se quedó en palabrería y, aunque esta historia no termina, su paso por la historia apunta a que López Obrador será el más despreciado de todos los presidentes en décadas inmemoriales.

3ER. TIEMPO: El primer capítulo del fin. La historia está llena de imperios y países donde la corrupción no fue un problema secundario, sino un acelerador de decadencia. Tácito y Salustio describieron la erosión del Imperio Romano que produjo corruptelas malditas cómo la compra de cargos, el clientelismo y la degradación de las virtudes republicanas, donde el poderoso ejército terminó respondiendo más a los generales, a las redes protección y privilegios que al Senado, que era el poder civil, o a la ley. El declive de la monarquía hispánica también estuvo asociado a la corrupción administrativa, la venta de cargos públicos, los monopolios cortesanos. La riqueza colonial ocultó por décadas su debilidad estructural. La superpotencia que representó el imperio otomano, sufrió una lenta degradación institucional por corrupción en la administración provincial, compra de cargos y la pérdida de disciplina militar en los jenízaros, que eran la élite militar. Lo que había sido una maquinaria administrativa eficiente terminó convertido en una red clientelar que no se pudo reformar. No fue distinta la Dinastía Qing en China, que enfrentó corrupción masiva en la burocracia imperial durante el siglo XIX, donde los funcionarios compraban puestos y desviaban impuestos mientras crecían rebeliones internas y presión extranjera. La Unión Soviética no colapsó sólo por razones económicas o militares a la que fue forzada por el gobierno de Ronald Reagan. El sistema estaba profundamente corroído por los privilegios del politburó, la corrupción burocrática, la simulación productiva, y una distancia enorme entre discurso oficial y realidad, que condujo a una pérdida de credibilidad que allanó el camino para su desintegración. En todos los casos paradigmáticos, hay un patrón recurrente, y casi en secuencia: la corrupción se normaliza, las leyes empiezan a aplicarse selectivamente, las élites usan el Estado para protegerse, el ciudadano pierde confianza institucional, y surgen poderes paralelos. El Estado conserva símbolos, pero pierde eficacia real. Todos los imperios y países sufrieron derrotas militares en la agonía del poder, que tuvieron como común denominador, la pérdida de consenso y fuerza en el interior. La Historia de México tuvo condiciones similares, a su favor, en la Independencia y la Revolución. Pero en los últimos 30 años, ha sido el deterioro institucional lo que ha trazado analogías con el pasado, donde se probó que los sistemas políticos suelen colapsar por las mismas razones: impunidad, concentración de poder y erosión de las leyes. El punto de quiebre ocurre cuando la corrupción deja de escandalizar y empieza a justificarse ideológicamente, como está pasando en México, escribiendo la 4T los primeros capítulos, si no enmienda el camino, de su fin.

rrivapalacio2024@gmail.com

X: @rivapa_oficial