¿En qué momento sacar a pasear al perro se convirtió en caminar mirando al suelo? Uno sale con la correa, las bolsitas y la idea de darle una vuelta a la manzana. De pronto se descubre vigilando cada pedazo de comida que alguien dejó entre el pasto. Y cuando escucha que hubo perros envenenados en un parque, piensa en lo poco que tarda el suyo en tragarse algo antes de que uno alcance a decirle que lo suelte.
El 27 de octubre, una clínica veterinaria de la Condesa alertó sobre casos de envenenamiento relacionados con el Parque España. Durante la búsqueda, las autoridades encontraron cápsulas con una sustancia, una de ellas dentro de un trozo de carne. La alcaldía Cuauhtémoc ofreció acompañamiento jurídico a las familias y Alessandra Rojo de la Vega acudió a revisar las cámaras de los vecinos para dar con los responsables. Días después, un juez vinculó a proceso a un hombre por su probable participación en el delito de maltrato y crueldad animal.
Mientras el Parque España ocupaba los titulares, en San Luis Tlaxialtemalco, Xochimilco, los vecinos contaban que ahí también estaban envenenando perros. El episodio más reciente que relataron a La Jornada había ocurrido días antes del caso de la Condesa. Karina Cortés, de Comunidad Pro Canina, dijo tener conocimiento de al menos treinta presuntos envenenamientos en lo que va del año. Según su denuncia, se habrían colocado cebos tóxicos para alejar a los perros de los cultivos.
Treinta es la cifra que reporta la activista. A la Fiscalía le toca aclarar cuántos casos se denunciaron formalmente, cuántos se investigan y qué ha encontrado hasta ahora. En la Condesa sabemos que hubo una alerta veterinaria, una búsqueda en el parque y un proceso penal en marcha. En Xochimilco, los vecinos también merecen saber qué ha pasado con sus denuncias. Me gustaría escuchar a las autoridades responder con el mismo detalle en los dos lugares.
Entiendo que a quien vive de lo que cultiva le preocupe que un animal entre a su terreno y le eche a perder la siembra. Hablemos de cómo proteger esos cultivos y de la responsabilidad de quienes dejan a sus perros sueltos. Y hablemos también de lo que significa dejar comida con una sustancia tóxica al alcance de cualquier animal. Quien la coloca pierde el control sobre qué animal la encuentra. Puede ser el perro de una familia o uno que lleva días buscando qué comer.
Hay una parte de esta historia que se queda fuera cuando contamos detenidos y carpetas. Es la de quien regresa a su casa con la correa en la mano. El animal que falta era el que reconocía el ruido de sus llaves, el que se acostaba siempre en el mismo lugar y el que obligaba a salir aunque estuviera lloviendo. Cuando alguien denuncia, además de explicar lo que pasó, tiene que convencer a otros de que esa pérdida merece que alguien se tome el trabajo de investigarla.
También quisiera saber qué pasa cuando la denuncia llega antes de que muera un perro. Si una vecina encuentra un cebo sospechoso y avisa, ¿quién va a recogerlo? ¿Quién revisa si hay más y avisa a la gente que pasa por ahí todos los días? Son preguntas concretas. Las respuestas deberían servirle igual a quien pasea por un parque de la Condesa y a quien vive junto a un canal de Xochimilco.
La promesa de que no habrá impunidad merece seguimiento en toda la ciudad cuando las cámaras se vayan. Quiero saber si alguien llamó a las familias de San Luis Tlaxialtemalco para explicarles qué se está haciendo, si se buscó evidencia en los lugares que señalaron y si recibirán noticias de su denuncia. Porque la próxima vez que una persona salga con su perro y se sorprenda mirando al suelo, lo mínimo que debería poder esperar es que, si encuentra algo y levanta la voz, alguien llegue antes de que otra familia tenga que volver a casa con la correa vacía.