La democracia mexicana también se vive desde el extranjero

5 de Marzo de 2026

La democracia mexicana también se vive desde el extranjero

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Cecilia Aída Hernández Cruz.

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EjeCentral

Quienes nacimos o vivimos en la Ciudad de México estamos acostumbradas y acostumbrados a que nos digan chilangas. Durante mucho tiempo el término tuvo distintas explicaciones, algunas históricas y otras antropológicas. Incluso llegó a usarse de manera despectiva. Con el paso de los años se transformó. Hoy, para muchas personas, es un gentilicio que genera identidad y pertenencia, y esa identidad no se detiene en los límites de la capital del país.

Ser chilanga o chilango va con nosotros a donde vayamos. Quienes han salido de la Ciudad de México para trabajar, estudiar o formar una familia en otro país siguen sintiendo un vínculo profundo con su ciudad. En esa diáspora conviven historias muy distintas. Hay personas que migraron en busca de mejores oportunidades laborales, jóvenes que realizan estudios en el extranjero y familias que construyeron su vida fuera de México. Pero hay algo que comparten. Siguen siendo parte de la comunidad chilanga. Extrañan los tacos al pastor y de suadero, las tortas de tamal, el eterno debate sobre si las quesadillas llevan o no queso. A veces incluso se extraña el tránsito y el bullicio que caracterizan a esta ciudad.

Ese vínculo cultural también es político. Desde hace varios años la legislación electoral mexicana reconoce el derecho de las personas mexicanas residentes en el extranjero a participar en las elecciones. Las y los capitalinos que viven fuera del país pueden votar para elegir a la diputación migrante, una figura que busca que la comunidad chilanga en el exterior tenga representación en el Congreso local.

La próxima oportunidad para ejercer ese derecho llegará en el proceso electoral de 2027. En esa elección se renovarán las alcaldías y las diputaciones del Congreso de la Ciudad de México y se volverá a elegir a la diputación migrante.

En este contexto, el Instituto Nacional Electoral instaló recientemente un grupo de trabajo para preparar la estrategia de voto extraterritorial con las entidades federativas que tendrán elecciones con participación desde el extranjero. El objetivo es revisar experiencias, identificar retos, y fortalecer los mecanismos que permiten que las y los mexicanos fuera del país ejerzan su derecho al voto.

En esa conversación nacional la experiencia de la Ciudad de México puede aportar mucho. En el proceso electoral de 2024 la capital fue la entidad que registró la mayor participación de votación desde el extranjero entre las que contaban con esta modalidad. Estos resultados, sumados a otras circunstancias, pueden atribuirse a que el IECM ha invertido muchos años de trabajo institucional para mantener una relación permanente con las chilangas y chilangos que viven fuera del país. Una de las fortalezas de la estrategia ha sido construir alianzas con organizaciones y liderazgos migrantes que ayudan a compartir información a otras capitalinas y capitalinos, sobre sus derechos político-electorales. El primer paso siempre es el mismo. Que las personas sepan que pueden participar.

En este esfuerzo destaca la red de liderazgos migrantes conocida como Voto Chilango. Se trata de una comunidad de personas residentes en el extranjero que colaboran con el Instituto Electoral de la Ciudad de México para difundir información, resolver dudas y promover la participación electoral. Su papel es clave porque funcionan como puentes entre la institución electoral y las comunidades migrantes.

Además, el vínculo con la comunidad chilanga en el exterior no se limita a las elecciones constitucionales. También la legislación prevé la participación de la diáspora en las consultas de presupuesto participativo y las elecciones de las comisiones de participación comunitaria. Por ejemplo, se podrá opinar, desde el extranjero, en la jornada anticipada que se realizará entre el 20 y 30 de abril.

El reto hacia 2027 es ampliar la participación y seguir eliminando obstáculos para que más chilangas y chilangos desde el extranjero puedan ejercer su derecho al voto. Para lograrlo será necesario fortalecer la coordinación entre autoridades electorales, aprovechar las redes comunitarias existentes y continuar con estrategias de información cercanas a la comunidad migrante.

La Ciudad de México tiene mucho que compartir en este camino. La experiencia muestra que cuando las instituciones buscan a su diáspora, generan confianza y construyen puentes de comunicación, la participación crece. Y cuando más personas participan, también se fortalece la democracia.

Cecilia Aída Hernández Cruz
Cecilia Aída Hernández Cruz
Consejera Electoral del Instituto Electoral de la Ciudad de México