La diplomacia de carrera: escudo de México en el conflicto en Medio Oriente

24 de Marzo de 2026

La diplomacia de carrera: escudo de México en el conflicto en Medio Oriente

Omar Hurtado Ok

En el contexto del conflicto bélico que involucra a Estados Unidos e Israel contra Irán, la diplomacia mexicana ha tenido que operar bajo condiciones de extrema complejidad. El pasado 13 de marzo, el titular de la Cancillería, Juan Ramón de la Fuente, sostuvo una reunión virtual con los representantes de las embajadas de México en Medio Oriente, con el fin de coordinar las actividades de dichas representaciones. Durante este encuentro, se informó que estas oficinas diplomáticas han facilitado la evacuación de mil 240 connacionales —en su mayoría turistas—, que se encontraban en Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Israel, Jordania y Líbano.

En la reunión participaron la subsecretaria de Relaciones Exteriores, María Teresa Mercado; el director general para África, Asia Central y Medio Oriente, Aníbal Gómez y la directora general de Protección Consular, Vanessa Calva. Estuvieron presentes los embajadores Guillermo Puente (Irán); Mauricio Escanero (Israel); Luis Alfonso de Alba (Emiratos Árabes Unidos); Victoria Romero (Azerbaiyán); Eduardo Peña (Kuwait); Guillermo Ordorica (Qatar); Jacob Prado (Jordania); Francisco Romero (Líbano); Pedro Blanco, titular de la Oficina de Representación en Palestina y los encargados de negocios a.i. Guillermo Gutiérrez (Arabia Saudita) y Héctor Ortega (Egipto).

Todos los embajadores referidos pertenecen al Servicio Exterior Mexicano (SEM) de carrera. En estas situaciones de crisis, el SEM constituye el recurso más valioso del Estado, aunque paradójicamente sea poco reconocido y marginado por preferencias políticas, tanto en la oficina presidencial como en la propia Cancillería mexicana. A diferencia de otras regiones del mundo donde las embajadas suelen entregarse como premios políticos —como ocurre frecuentemente en Europa Occidental—, en el Medio Oriente actual la realidad se impone y la diplomacia de carrera despliega su recurso más indispensable: la experiencia.

La realidad en la región es crítica. Diversos países han sido blanco de bombardeos o han sufrido daños colaterales debido a represalias o acciones de grupos armados y facciones políticas (proxies). El impacto de estas hostilidades se ha extendido por Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Siria y Yemen, entre otros.

En medio del caos y las zonas de conflicto, el diplomático de carrera adquiere un valor estratégico por su formación, en función de los intereses nacionales y la protección a los connacionales que habitan esas zonas de riesgo; garantiza disciplina y el rigor técnico, y especializado, necesarios sin improvisaciones. La crudeza de la guerra en Medio Oriente impone su propia lógica: el valor de la diplomacia profesional, donde la experiencia tiende a aplicarse por necesidad.

Para los mexicanos que habitan esas regiones, los cielos pueden parecer una amenaza constante. Más allá del impacto físico de las explosiones, existe un daño psicológico profundo: el zumbido de los drones asesinos y el ruido de los misiles se convierten en la antesala de una destrucción impredecible —lo viví en mi segunda adscripción como diplomático, en la antesala de la Guerra del Golfo Pérsico en Israel (1990-1991), entonces Cónsul , época de los Scud lanzados por Sadam Hussein y los Patriot de defensa de Israel; escenario de las operaciones “Escudo del Desierto” y “Tormenta del Desierto”, con un alto impacto psicológico en las poblaciones—. Los funcionarios consulares se constituyen en un enlace permanente con la comunidad mexicana; la protección consular se despliega en acciones críticas para salvar la integridad de los connacionales y ejecutar labores de evacuación si fuera conveniente.

Bajo el estruendo de los misiles, la prevalencia del SEM se impone por su propio peso. Estos nombramientos no son una concesión política, sino el resultado de una formación especializada que se torna necesaria en el terreno. El Servicio Exterior Mexicano constituye un blindaje real de México ante el escenario de guerra que no admite improvisaciones.