La disputa por la Secretaría General de la ONU

1 de Abril de 2026

La disputa por la Secretaría General de la ONU

Columna invitada_Redes

El 2 de febrero pasado Chile, Brasil y México oficializaron la candidatura de la ex presidenta chilena Michelle Bachelet para la Secretaría General de la ONU, destacando su experiencia previa como Alta Comisionada para los Derechos Humanos (2018-2022) y directora ejecutiva de ONU Mujeres. La gestión del portugués António Guterres concluirá el 31 de diciembre de 2026, por lo que el nuevo secretario general de la ONU deberá iniciar funciones al inicio de 2027.

Sin embargo, el nuevo gobierno del derechista José Antonio Kast, quien asumió el poder el 11 de marzo, dio a conocer que la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU no será apoyada por Chile argumentando falta de consenso político interno y su inviabilidad de éxito a nivel internacional. Si bien esa decisión ha generado una ríspida polémica al interior de ese país, al igual que en varias latitudes del mundo, ha puesto en evidencia una falta de visión que privilegie el interés nacional de una nación, cualquiera que sea, por encima de intereses e ideologías políticas. La decisión ha sentado un mal precedente, ya que nunca se había registrado anteriormente una situación similar en la historia contemporánea de la sucesión en el citado organismo multilateral.

En este contexto, recordemos que existen otros candidatos como Rebeca Grynspan, ex vicepresidenta de Costa Rica y secretaría general de la UNCTAD; el argentino Rafel Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); Macky Sall, ex presidente de Senegal y Virginia Gamba, exrepresentante especial de la ONU para la protección de la infancia en los conflictos armados, quien se retiró de la contienda el 26 de marzo.

En esas circunstancias, podrían surgir otros candidatos en las semanas venideras, quienes deben ser propuestos oficialmente por un país o grupo de naciones, no necesariamente su país de origen. Es importante destacar las cada vez más numerosas voces que abogan por la rotación geográfica de la importante responsabilidad de dirigir los destinos de la ONU, que en esta ocasión correspondería a América Latina y por cuota de género debería ser una mujer. De resultar ganadora Michelle Bachelet se convertiría en la primera mujer en ocupar tan alta distinción.

No obstante, conscientes de los avatares de la política, los procedimientos a seguir para la elección de referencia, los miembros del Consejo de 5eguridad de la ONU y en particular, los miembros permanentes (EU, Rusia, China, Reino Unido y Francia) tendrán en sus manos la responsabilidad de elegir al nuevo secretario general de la ONU, y en donde la Influencia del mandatario estadounidense obviamente tendrá un peso determinante.

No debemos olvidar que en julio de 2025 la presidenta mexicana había expresado su respaldo para que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales Alicia Bárcena se postulara como candidata a la ONU. Por ello, y con el fin de estar preparados ante cualquier decisión o cambio inesperado en esta competencia el momento se presenta propicio para que México considere a varias distinguidas diplomáticas de alto nivel con experiencia multilateral probada y con trayectorias reconocidas como la propia Secretaria Bárcena, quien fue Secretaria de la Comisión Económica para America Latina y el Caribe de la ONU (CEPAL); la ex Secretaria de Relaciones Exteriores Patricia Espinosa Cantellano y la Embajadora emérita Martha Bárcena Coqui, quien fue embajadora de México en los EU.

Lamentablemente el predominio de intereses políticos e ideológicos de los grupos de poder de las potencias involucradas influirán determinantemente en la toma de decisiones en el proceso electoral del titular de tan importante organización. En esa perspectiva, el futuro responsable de la organización universal habrá de enfrentar una serie de desafíos cruciales como la crisis institucional y financiera de la organización, la fragmentación geopolítica, la mediación en numerosos conflictos militares internacionales, la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y el derecho de veto, entre muchos otros.